Patrones de Supervivencia

Patrones de Supervivencia

Quiero dedicarle una entrada a explicar esta expresión, pues, aunque es un concepto que aparece, de una manera u otra, en muchas entradas de este blog, algunos comentarios me han hecho pensar que deberíamos dedicarle un artículo en exclusiva. Para empezar, de forma concisa, podríamos decir que desde la Terapia Regresiva Reconstructiva llamamos Patrones de Supervivencia a estrategias vitales (comportamientos, modos de actuar, pensamientos) que desarrollamos en la infancia ante situaciones de estrés y que, en la edad adulta, a pesar de sus consecuencias negativas en nuestras vidas y en nuestra salud, seguimos manteniendo de forma automatizada e inconsciente.

Una circunstancia particular de la mente humana que explica, en parte, el mantenimiento de patrones antiguos incluso en la edad adulta, es que el cerebro es conservador, es decir, que tiende a repetir algo cuando nos ha servido en algún momento. Esto, en principio, tiene una gran ventaja evolutiva, ya que ayuda a automatizar recursos y generalizar comportamientos para aplicarlos posteriormente en otras situaciones. De hecho, las redes neuronales que controlan ese comportamiento se refuerzan con cada repetición y éste se va perfeccionando. Podemos ver un ejemplo claro de este mecanismo para comprenderlo mejor en la conducción. Cuando estamos aprendiendo a conducir, tenemos que prestar mucha atención a los pedales, a la palanca de cambio, a los retrovisores, etc. Con la práctica, vamos automatizando el proceso y, al final, conducimos casi de forma automática.

Esta aparente ventaja del funcionamiento de nuestra mente puede convertirse en un gran problema cuando el aprendizaje inicial no fue del todo saludable. Imaginemos, por ejemplo, la siguiente escena que tiene como protagonista a una niña de 5 años cuyo padre llegaba totalmente borracho casi cada noche. En casa eran frecuentes las discusiones, los gritos y los bofetones cuando algo le enfadaba. Un día de los que venía “calentito”, cuando empezó a gritarle a mamá porque la cena estaba muy salada o muy sosa, nuestra protagonista se fue a su habitación y se escondió debajo de la cama a esperar que pasase el huracán. Al menos por ese día, su padre no se la cruzó y no le pegó. A la noche siguiente, nada más escuchar las llaves abriendo la puerta de casa, corrió a esconderse debajo de la cama y volvió a evitar la paliza.

De esta manera, se fue instaurando el patrón de “esconderse cuando hay un conflicto”. Fue creciendo y, ya en el colegio, era una niña callada que no protestaba cuando le quitaban sus lápices. Cuando intuía algún conato de discusión, ella procuraba bajar la cabeza y desaparecer sigilosamente de la escena. Sus profesores pensaban de ella que era una alumna modelo, sin embargo, ella actuaba de esta forma automatizada siguiendo el patrón de supervivencia que había desarrollado ante cualquier tipo de ataque teñido de agresividad. Para esta niña, “la profesión iba por dentro”.

Pasaron los años y, ya en su edad adulta, entró a trabajar en una oficina. Le preocupaba mucho una reacción que tenía y que no era capaz de controlar: no podía mirar a su jefe a la cara cuando le estaba recriminando algún pequeño fallo que había cometido. Su primer impulso era bajar la mirada y quedarse callada para evitar el enfrentamiento. Casi treinta años más tarde, el patrón que aprendió en su infancia para evitar las palizas de su padre seguía activo, salvo que ahora le entorpecía en su vida adulta. Ya no había peligro, su jefe no le iba a dar ningún azote, pero su cuerpo seguía reaccionando como cuando era pequeña.

Los patrones son tan fuertes porque, en algún primer momento, nos sirvieron para salir de alguna situación difícil, donde nos sentíamos en peligro y no teníamos otras herramientas para defendernos. Por eso, precisamente, les llamamos Patrones de Supervivencia. El problema es que los vamos reforzando y, con el tiempo, ya no son una ayuda, sino una pesada losa en el devenir de nuestras vidas.

Para explicarlo de manera gráfica, me gusta mucho la metáfora de la armadura a la que recurrimos cuando estamos en plena batalla y nos llueven flechas por todos lados. Nos ha salvado la vida y nos ha ayudado tanto que no somos capaces de quitárnosla, ni siquiera cuando ha terminado la guerra, y seguimos cargando con ella.  Con el paso de los años, la armadura se va oxidando (como la del cuento de Robert Fisher) y, al final, nos entorpece en nuestra vida y nos impide ser nosotros mismos. No podemos cambiar, no se nos ocurre quitarnos la armadura porque, en nuestro interior, aún sigue el niño que sólo sabe protegerse de esa manera. En la terapia, ayudamos a que ese niño crezca, madure y se convierta en un hombre o una mujer capaz de tomar las riendas de su vida y quitarse definitivamente la armadura.

Muchas terapias nos aconsejan que nos enfrentemos de cara a nuestros problemas, que nos forcemos por superarlos, pero, la realidad es que éstas, sólo consiguen éxitos parciales. Son terapias, que nos fuerzan a cambiar nuestra conducta, pero sin profundizar ni entender el origen del problema. A lo sumo, pueden hacer desaparecer el síntoma (un miedo, una adicción al tabaco, etc.), pero, nuestro interior seguirá creyendo que aún estamos en guerra y que necesitamos los antiguos patrones para sobrevivir. Entonces, el Patrón de Supervivencia, buscará una nueva manera de expresarse, un nuevo miedo o una nueva adicción. Aparentemente, la terapia funcionó porque eliminó el síntoma, todos están muy contentos con los resultados y, según sus estadísticas, esa es la técnica más efectiva. A los expertos, no les importa que, varios meses después, el paciente desarrolle otro nuevo síntoma. Desde su punto de vista reduccionista, no ven la relación entre el antiguo síntoma y el actual. Con el tiempo, cuando aparezcan nuevos problemas, volverán a forzar al paciente para que cambie, la terapia volverá a “triunfar” y, varios años después, la persona tendrá otro nuevo síntoma, con lo que el ciclo empezará de nuevo.

Ninguna terapia será totalmente eficaz mientras no ayude al paciente a entender y modificar sus Patrones de Supervivencia. No se trata de cambiar esos patrones a la fuerza, sino de hacer comprender a nuestro interior que la guerra ya terminó, que ya no peligra nuestra vida y que podemos buscar una estrategia más sana de enfrentarnos a las situaciones. No podemos reprochar nada a esos patrones, debemos recordar que nos salvaron la vida en un momento en el que no teníamos más alternativa. Debemos agradecer sus servicios, pero entendiendo que ya no son necesarios. Esto, lo va logrando la persona a lo largo de la terapia reforzando su niño interior, prestándole la ayuda y el sostén que no tuvo en su momento. Poco a poco, ese mismo niño va entendiendo que la guerra ya terminó, que no necesita esa protección, va fortaleciendo su seguridad y puede cambiar sus patrones dañinos por otros mucho más sanos. A lo largo de todo el proceso, se reforzarán los nuevos modelos y se debilitarán los antiguos por el desuso. Las nuevas redes neuronales serán cada vez más fuertes y las antiguas, se irán deteriorando como una carretera abandonada.

Cuando hablo de este proceso, siempre recuerdo el maravilloso diálogo de “Las dos torres”, cuando Sméagol le dice a Gollum que ya no le necesita, que se vaya y no vuelva. Al final de la batalla dialéctica, Gollum (la parte mala) desaparece, pero el problema fue que Sméagol no hizo una verdadera terapia de autoconocimiento y de cambio de sus patrones profundos. Lo único que hizo fue sustituir a un Amo por otro que le protegiera (Frodo) y, de esta manera, sus viejos patrones (Gollum) volvieron a aparecer. Lo que no sabía Sméagol es que él debía ser su propio Amo, que no tenía  que depender de nadie salvo de sí mismo.

 

Texto: Ramón Soler

Foto: anyjazz65

Acerca del autor

Ramón Soler Ramón Soler - rsoler@mentelibre.es Psicólogo Colegiado Sanitario experto en Terapia Regresiva Reconstructiva, Hipnosis Clínica, Psicologia Pre y Perinatal, Psicología infantil y Psicología de la Mujer. Escritor, Divulgador y Conferenciante. En la actualidad pasa consulta Online para todo el mundo y Presencial en Málaga (España). Compagina esta labor con la de Codirector, Autor y Administrador de este Blog. Puedes visitar más sobre su trabajo como Psicólogo en : www.regresionesterapeuticas.com