Lenguaje y comunicación. Excusas para pegar a mi hijo (II)

Lenguaje y comunicación. Excusas para pegar a mi hijo (II)

Siguiendo con la serie de artículos, (III y IV)que estoy escribiendo sobre la violencia ejercida sobre los niños, el cachete y las excusas que dan los padres para justificarse, me gustaría detenerme en el tema de la comunicación. Aún hoy en día, muchos padres niegan el hecho de que los bebés comprenden lo que ocurre a su alrededor, sienten emociones intensas, y pueden comunicarse, aunque aún no dominen un sistema lingüístico oral.

-Con un niño pequeño no se puede dialogar. No entienden.

“Cuando fracasa el dialogo no se acaba el mundo, hay que recurrir al cachete, la mano dura, la soga corta, el castigo.”

“Pero no olvidemos, que son menores y su capacidad de razocinio tiene un límite y cuando este llega hay que tomar la decisión que fuere, hay que imponerla. Que eso conlleva un pequeño cachete; pues no pasa nada.”

Que los bebés no puedan expresarse verbalmente, no significa que desconozcan o no sientan lo que pasa a su alrededor. De hecho, se ha comprobado que, nada más nacer, los bebés pueden distinguir perfectamente palabras de su lengua materna de palabras inventadas. Este fenómeno, se produce porque ya desde su vida uterina los niños oyen, sobre todo a su madre, y aprenden a reconocer los sonidos de su idioma nativo. Por otra parte, me gustaría señalar que los terapeutas que utilizamos las regresiones como herramienta de trabajo, sabemos que los bebés (también los uterinos) son absolutamente capaces de captar las emociones, y no sólo las de su madre, sino también las de los demás familiares y personas, que frecuentan la compañía de ésta. Los bebés sienten en lo más profundo de su ser cuándo su mamá está asustada o deprimida, cuando son deseados o no e, incluso, pueden percibir si el que dicen que es su papá lo es o no lo es. Y estos son sólo un par de breves ejemplos sobre la extensa e intensa comprensión de la vida que tienen los bebés y los niños.

El problema del desconocimiento que existe sobre de la intensa vida emocional de los bebés estriba en que al principio de su existencia, carecen de sistema lingüístico verbal. La comunicación no verbal, sí que la tienen más desarrollada (movimientos, gesticulaciones, llantos, ruidos, gorjeos, pataditas cuando son bebés uterinos, etc.) y, con ella, los bebés son capaces de expresar muchas de sus emociones (tanto las positivas, como las negativas). No obstante, para reconocer las señales emitidas por los bebés, los padres han de ser muy observadores y el contacto con el niño ha de ser continuo, algo no muy frecuente hoy en día.

En cuanto a la comunicación verbal, el problema de los niños que aún no hablan es que su aparato fonador no está lo suficientemente maduro para poder expresarse, no que no sepan lo que pasa, sino que aún no pueden verbalizarlo. Para resumir todo lo que hemos hablado hasta ahora, me gustaría servirme de una perspicaz cita de la psicoanalista francesa Françoise Dolto: “el ser humano tiene la misma capacidad de comprensión desde el momento de su concepción hasta su muerte”.

Ya desde el embarazo podemos asentar las bases para una comunicación con nuestro bebé. A través del tacto, de música o de la voz de la madre, tenemos la posibilidad de interactuar con él. A menudo, enseño a muchas futuras mamás a jugar con sus bebés cuando están en su barriga, por ejemplo, les hago que den unos suaves golpecitos sobre una zona de su panza, y tras varias repeticiones, las emocionadas mamás comprueban cómo el bebé se desplaza hacia ese lado y a su vez, responde al estímulo con sus puñitos o sus piececitos. Estas prácticas de comunicación entre Mamá y bebé, en las que también procuro que participe el padre, ayudan a fortalecer el vínculo con nuestros hijos desde el embarazo. Las madres y padres que se comunican con sus hijos desde su concepción, no ven a sus bebés como meros seres pasivos que no entienden nada, sino como personas a las que hay que amar, acompañar y respetar.

Para los interesados, os diré que existen otras muchas maneras de comprobar cómo el bebé uterino reacciona de forma diferente según el estado de ánimo y las palabras de su mamá. Una de las más conocida es la Haptonomía, la ciencia de la afectividad, desarrollada por Frans Veldman.

Y cuando el bebé ya tiene unos meses, Claudia Carter de www.cincodeditos.com nos propone utilizar el lenguaje de signos para que tengan más posibilidades comunicativas. Acaba de  publicar un libro (que he tenido el placer de prologar) donde nos da a conocer este método. Resulta tremendamente enriquecedor comprobar cómo se comunican los bebés cuando tienen medios adaptados a sus posibilidades.

Para terminar este apartado, me gustaría saber cómo actúan estos padres que pegan porque “con los hijos no se puede dialogar”, ante conflictos con otros adultos (con sus parejas o en su trabajo). ¿Dialogarán escuchando al otro y poniéndose en su lugar o serán inflexibles y tratarán de imponer su voluntad?

-Cuando te sale torcido, el azote es la única manera de corregir.

“Una de las mayores hipocresias de nuestra sociedad es la sobrestimacion del dialogo como herramienta para resolver conflictos. Señores nos guste o no hay conflictos que NO se resuelven con el dialogo, entre adultos y entre niños y adultos.”

“De pequeño me dieron dos azotes que recuerdo (…) Ahora soy profesor, de los que están con niños y disfrutan enseñando, y me he encontrado con lo que denomino el síndrome de insuficiencia de bofetada

Hilando estos comentarios con los del punto anterior, podemos concluir que, según estas personas, como los bebés no sienten, no comprenden las órdenes y no pueden pensar por sí mismos, los padres que, por supuesto, no pueden dialogar con ellos, pues sería “como hablarle a un muro”, deben resolver los problemas y conflictos que surgen en la convivencia a golpes o cachetes. Además, con el paso del tiempo, cuando los niños son más mayores (a partir de los 3 ó 4 años), aunque ya pueden comprender, la providencia les ha “torcido” y los padres se topan con un nuevo “muro” de ininteligibilidad infantil, así pues, una vez más, los problemas y conflictos que surgen en la convivencia han de ser resueltos a golpes o cachetes. La lógica, entonces, de este razonamiento es que la cuestión es pegarles, comprendan o no comprendan. Lo de la “sobrestimación del diálogo como herramienta para resolver conflictos” y “el síndrome de insuficiencia de bofetada” son ejemplos perfectos de la prepotencia y la falta de respeto de estos adultos.

Lo que desconocen estos padres es que los niños no son fruto del premio de una lotería en la que, según el azar, te tocan  buenos o malos. En realidad, los niños son generosos, empáticos y altruistas por naturaleza. Para que un niño se “tuerza”, ha debido sentir mucho desprecio y mucha agresividad en sus primeros años de vida. Sus reacciones, parten del hecho de repetir lo que ha visto en casa y la necesidad de amoldarse a su ambiente para sobrevivir. Incluso, puede que, llegada la edad adulta, desconozca que existen otras formas de convivir en las que la violencia no está presente, no conoce más que la realidad agresiva en la que ha vivido y sus estructuras mentales rígidas, le impiden imaginarse que existen otros tipos de comunicación familiar pacíficos.

Evidentemente, con un niño no podemos pretender tener una charla sobre Platón o Kant (igual que sucede con muchos adultos, puede que no les interese), pero esto no significa que no comprendan y que no nos podamos comunicar con ellos. Con los niños, debe ser el adulto el que realice un esfuerzo y entre en el universo infantil para poder establecer un dialogo con su hijo.

He querido dedicarle esta entrada de la revista al tema de la comunicación, ya que me parece importantísimo que se comprenda, que ni los niños ni los bebés son meros sujetos pasivos que no se enteran de nada de lo que sucede en su entorno. El problema es que presuponemos que, como no se comunican con un lenguaje verbal o porque son pequeños, los bebés y los niños no entienden y que su inteligencia se reduce a unos cuantos reflejos innatos o a rabietas sin sentido. Bajo este supuesto, muchos padres no hablan con sus hijos, no les explican lo que sucede y los niños no reciben la estimulación adecuada para sacar el máximo rendimiento al lenguaje.

Enlaces de interés:

Aquí podéis encontrar una explicación más detallada de mi trabajo con embarazadas

Cinco deditos (lenguaje de signos con bebés)

 

Texto: Ramón Soler

foto: Flickr- davichi

Acerca del autor

Ramón Soler Ramón Soler - rsoler@mentelibre.es Psicólogo Colegiado Sanitario experto en Terapia Regresiva Reconstructiva, Hipnosis Clínica, Psicologia Pre y Perinatal, Psicología infantil y Psicología de la Mujer. Escritor, Divulgador y Conferenciante. En la actualidad pasa consulta Online para todo el mundo y Presencial en Málaga (España). Compagina esta labor con la de Codirector, Autor y Administrador de este Blog. Puedes visitar más sobre su trabajo como Psicólogo en : www.regresionesterapeuticas.com