Permisividad y respeto: Excusas para pegar a mi hijo (III).

Permisividad y respeto: Excusas para pegar a mi hijo (III).

Antes de proseguir con el repaso a las excusas que dan las personas que defienden el cachete como método educativo (aquí tenéis la parte Ila parte II y la parte IV), me gustaría compartir con vosotros un breve y clarificador párrafo de Alice Miller:

“Si tomamos conciencia de nuestros sentimientos reprimidos e intentamos comprender cómo se transmite la violencia de padres a hijos, cesaremos de pegar a los niños de cualquier edad. Es posible (muchas personas lo han logrado), una vez que hayamos comprendido que la única razón de dar golpes “educativos” se esconde en la historia reprimida de nuestros padres.”

Sigamos, entonces, con nuestro análisis de las excusas de algunos padres para defender los azotes. Recordamos que, al inicio de cada apartado, pondremos uno o dos ejemplos de los argumentos de los que defienden el cachete.

-Sólo hay dos opciones educativas: azotes o permisividad total.

“tengo 37 años, me crié con cachetes (eso sí, ruidosos pero indoloros, salvo en el orgullo) y con voces altas y con autoridad. No he muerto, no sufro traumas y siempre he respetado la figura de los mayores y a los demás. Ahora veo jóvenes por las calles, que seguramente por no haber recibido un cachete a tiempo se merecen ahora un buen par de Hostias.  Considero mi generación quinceañera bastante más civilizada y respetuosa que la actual, donde los casos de chavales que están por encima de los padres parece ser tan normal, y yo pregunto a los expertos modernos ¿pueden remirarse sus métodos?. Me parece a mí que los métodos modernos dejan mucho que desear.”

Según parece, para los padres que siguen este método de crianza, sólo hay dos maneras de educar a los hijos: la suya (represión, cachetes y demás) y la de los padres que dejan total libertad a sus hijos. Esta es una visión muy limitada y maniquea de la realidad. Para estas personas tan radicalizadas, el mundo sólo se divide en blanco o en negro, no existen los términos medios en sus esquemas mentales. De hecho, esta falta de flexibilidad mental es habitual entre los adultos que han sido criados en un entorno violento. A estas personas, durante su infancia, se les enseña que sólo existe una única visión de la realidad (la que le dan sus padres), ¿quién se atrevería a pensar de otra manera bajo la amenaza del tortazo? Este enfoque asumido en la infancia se va convirtiendo en el único real y todo lo que se aparte de ese punto de vista se percibirá como una amenaza y será rechazado.

Tal y como explicó anteriormente Elena Mayorga, tanto la crianza restrictiva como la totalmente permisiva son desestabilizadoras para los niños. Unos pecan por exceso de límites y otro por la carencia total de ellos. Ambos extremos se tocan y los niños crecen perdidos, sin una referencia válida. Existe una tercera opción que no es, necesariamente, un punto medio entre las dos anteriores, sino una nueva vía que tiene como eje central el respeto al niño y a su proceso evolutivo. Es una crianza mucho más ardua, ya que implica hacer un profundo trabajo de liberación personal, para poder percibir a nuestro hijo como una persona distinta de nosotros, con sus  ritmos, sus procesos, sus gustos y sus potencialidades.

La crianza respetuosa, no implica consentir todo a los niños. La vida tiene límites y los padres deben acompañar a sus hijos en ese aprendizaje, a través de la empatía, el respeto y la cooperación. Nuestros compañeros blogueros Elvis Canino y Mireia Long hablan del concepto de Crianza Caprichosa, destacando el error que implica pasar de la restricción absoluta a carencia total de guía. Para un niño, puede ser tan perjudicial la crianza excesivamente restrictiva como la que le otorga tanta libertad que no le permite formarse una referencia que, a modo de las agarraderas de los escaladores, le permitan adaptarse al mundo en el que vive.

 

-La permisividad es la causa de la delincuencia juvenil.

“un cachete a tiempo o dos, no pasa nada, la generación que se crio con el cachete debajo del culete, es más respetuosa y mejor criada, que la de hoy en día con tanto mimo, reflexión diálogo y bla bla bla. Creo que este es un mundo de memos, en el que vamos para atrás, y hay cosas que un padre hace por bien de sus hijos y NO PASA NADA.”

“Una ostia bien da a tiempo quita mucha tonteria y se ha echo de siempre. Así está la juventud ahora, entre eso y que no hay mili para espabilarlos no veas que futuro nos espera.”

Es un error pensar que los adolescentes del botellón, la generación Ni-ni y los que pegan a los profesores en clase, son así debido a la falta de mano dura en su educación, de hecho, el caso es justo el contrario, muchos de estos jóvenes reaccionan así ante la vida pues sólo han recibido azotes, palizas, soledad e indiferencia en su casa.

Los adolescentes de hoy, en su mayoría, son víctimas del abandono emocional que sufrieron desde su primera infancia. Muchos de ellos, han sido niños que no han sentido jamás la presencia protectora de sus padres, no han sido acompañados, y no han tenido a nadie que les mostrara, a modo de guía, un comportamiento vital amoroso y equilibrado. Ante cualquier llamada de atención por parte del niño (llanto, berrinches, comportamiento “hiperactivo” o enfermedad), la respuesta de los padres no ha sido la de abrazarlos e intentar comprender el porqué del dolor de su hijo. Para llenar el tiempo que no pasaban con ellos o para que estuvieran calladitos y no molestaran, la solución ha pasado por colmarles de bienes materiales, sobretodo caprichos  electrónicos como las últimas video-consolas, teles en su habitación, Dvds, ordenadores, es decir, todas aquellas máquinas que les mantenían absortos durante horas, sentados en la casa seguros, sin pensar en su soledad y, sobretodo, sin protestar. Además, como sus padres trabajaban todo el día para pagar la hipoteca del adosado, de la casa de la playa y del coche último modelo, también les apuntaban a mil actividades para llenar ese tiempo. De hecho, muchos de estos niños, tenían y tienen jornadas laborales más exhaustivas que las de sus propios padres, salen a primera hora de la mañana, pasan todo el día fuera y, en muchas ocasiones, no vuelven a casa hasta que el sol se pone. Otro subgrupo dentro de estos niños abandonados, son los llamados “niños llavero”, con menos posibilidades económicas, no pueden apuntarlos a tantas actividades extraescolares para “matarles” su tiempo y, por ello, llevan las llaves de su casa para entrar en ella cuando acaba la jornada escolar. Una vez en casa, se preparan la comida y juegan solos toda la tarde (viendo la tele o con el ordenador y los videojuegos). Son niños que no han tenido un modelo, no han interiorizado los límites necesarios para convivir en sociedad por la falta de ejemplo de sus padres. Esta es la juventud de hoy en día, y nos está diciendo a gritos que no podemos seguir con esta inercia deshumanizante carente de amor, vínculos y apego. Tenemos que cambiar la manera en la que nuestra sociedad entiende a los niños.

 

- La vida es dura, por lo tanto, hay que prepararles.

“Cuando fracasa el dialogo no se acaba el mundo, hay que recurrir al cachete, la mano dura, la soga corta, el castigo ¿ si no le enseñas tú y a tiempo la parte negativa de la vida, que vas a esperar que sea muy tarde cuando la propia vida le de el palo ?”

“Si en nuestra molicie occidental nos acongojamos (aunque mejor sería decir acojonamos) por este correctivo fisico, estamos perdidos. Si no aguantamos ese grado mínimo de dolor, si nos vamos a traumatizar por ello, estamos perdidos. Cuando sean mayores conocerán el dolor por otros lados bastantes más desagradables. Querer no es consentir.”

De modo que, como la vida es dura, hay que prepararles a base de golpes. ¿De verdad que éste puede ser un motivo para subyugar la inocencia y la bondad de los niños? Me parece que estamos ante otra absurda justificación para descargar las propias frustraciones con quien menos culpa tiene. En este caso, cobra especial sentido la conocida frase de Gandhi: “ojo por ojo y el mundo acabará ciego”. En lugar de preocuparse por hacer algo para cambiar ese mundo violento, lo que hacen es preparar al niño para que sea agresivo y pueda defenderse. Repito por enésima vez, la violencia únicamente genera más violencia. La solución para cambiar toda la agresividad que tenemos en este mundo es romper con ese círculo vicioso de la violencia.

Hace no muchos años, cuando existía el servicio militar obligatorio, una idea que repetían los mayores era que había que hacer la “mili” para hacerse un hombre. Parecía como una especie de rito de iniciación; uno no era hombre hasta que no pasaba por el condicionamiento militar. En realidad, lo que se aprendía en la mili era a seguir las órdenes de un superior sin poder cuestionarlas (igual que en casa, tras los golpes del padre o la madre), a defenderte de los que querían aprovecharse de ti, a buscar la manera de eludir las tareas y otras cosas que, efectivamente, te preparaban para defenderte en el mundo exterior. El significado de hacer la mili para “hacerse hombre” era, igual que pretenden estos padres con sus hijos, fraguarte para vivir en un mundo violento. La violencia y el adoctrinamiento recibidos en casa y en la mili, a la sazón, creaba ciudadanos sumisos, agresivos e irracionales, capaces de matar a otros seres humanos, incluso a sus propios hermanos, sin cuestionárselo, reprobarlo o dudarlo.

La mili ya desapareció, por anacrónica, pero la idea subyacente es mucho más difícil de cambiar que una ley, de modo que esa misma mentalidad sigue aplicándose a los niños. Prepararles para la parte negativa de la vida con azotes y castigos no hace más que reforzar y asegurar la violencia que tenemos en nuestros días.

Nuestra tarea como padres debe ser dotar a los niños de la autoestima  necesaria para poder defenderse cuando lo precisen, pero utilizando como herramientas la asertividad y la empatía, no la agresión y la violencia.

 

- No es lo mismo pegar a una mujer que pegar a un niño.

De entre todos los comentarios, alguien preguntaba: “¿Nadie se da cuenta de que los argumentos de quienes defienden pegar a los hijos son los mismos de los que maltratan a sus mujeres? No me hace caso, no cumple con sus obligaciones, me ha respondido mal, ha contestado mal a mi madre, etc.”

Y las respuestas eran del tipo: “Dejad ya en paz de una vez el tema de la violencia de género !! Nuestras parejas no son (o no deberian ser) seres irracionales que no ven el peligro y que desconocen las normas básicas de comportamiento en sociedad, vamos, que no acostumbramos a tener relaciones de pareja con niños/as de 4 -10 años…”

A veces, escriben tales barbaridades, que no alcanzo a distinguir si estos comentarios conllevan un matiz irónico. Me cuesta creer que hablen en serio, pero, al cabo, recuerdo las humillaciones, vejaciones y todos tipo de situaciones degradantes a las que han debido ser sometidas estas personas y mis dudas se disipan. La defensa que esgrimen es que, como la mujer ya es adulta y está educada, pues no hace falta corregirla con azotes. Me pregunto qué pasaría si, por ejemplo, sus mujeres echaran demasiada sal a la comida o mezclaran la ropa blanca con la de color, ¿resultaría que no están educadas y habría que corregirlas a golpes?

Aunque la mujer maltratada siga repitiendo los patrones de sumisión aprendidos en su infancia y no se vea capaz de rebelarse ante las humillaciones, en un momento de máximo peligro, sí que puede tener la oportunidad de defenderse para salvar su vida. El niño, ni siquiera es capaz de esto, lo único que puede hacer para sobrevivir es agachar la cabeza, quedarse callado, desconectar la mente y esperar a que pase el temporal. En cierta manera, tienen razón, no se puede comparar las situaciones, no es lo mismo pegar a una mujer adulta que a un niño pequeño indefenso. Es mucho peor esto último.

Hace 40 ó 50 años, en plena dictadura, nadie hablaba de violencia de género y se admitía pegar a la mujer para corregirla, para que obedeciera o para que no se desviara del “buen camino”. Afortunadamente, hemos ganado algo, ya no está bien visto socialmente maltratar a la mujer y los medios de comunicación se hacen eco de cada caso que se produce.

No debemos conformarnos con eso. Hoy en día, hay millones de personas en nuestro país (y cientos de millones en todo el mundo) que siguen sufriendo maltrato y no son defendidos por nadie. No salen en los medios de comunicación y hasta se puede hablar abiertamente de cómo y por qué pegarles. Lo habréis adivinado, me refiero a los niños, que también son personas, pero no pueden defenderse como hizo la mujer en los 60-70 para reclamar sus derechos. Los que tendrían que defenderlos les corrigen a cachetazos. No seamos sumisos y superemos nuestro propio camino de maltrato y humillaciones.

¡Alcemos la voz por ellos!

Texto: Ramón Soler

Foto: “Saturno devorando a su hijo”, Rubens 

Acerca del autor

Ramón Soler Ramón Soler - rsoler@mentelibre.es Psicólogo Colegiado Sanitario experto en Terapia Regresiva Reconstructiva, Hipnosis Clínica, Psicologia Pre y Perinatal, Psicología infantil y Psicología de la Mujer. Escritor, Divulgador y Conferenciante. En la actualidad pasa consulta Online para todo el mundo y Presencial en Málaga (España). Compagina esta labor con la de Codirector, Autor y Administrador de este Blog. Puedes visitar más sobre su trabajo como Psicólogo en : www.regresionesterapeuticas.com