Ciencia y expertos: Excusas para pegar a mi hijo (IV)

Ciencia y expertos: Excusas para pegar a mi hijo (IV)

Os traemos la cuarta y última parte de la serie de entradas dedicadas a las excusas que buscan los padres para justificar el uso de los azotes contra sus hijos. Aquí tenéis las anteriores:
I- Excusas para pegar a mi hijo.
II- Lenguaje y comunicación.
III- Permisividad y respeto.

Sigamos, entonces, con nuestro análisis de las excusas de algunos padres para defender los azotes. Recordamos que, al inicio de cada apartado, pondremos uno o dos ejemplos de los argumentos de los que defienden el cachete.

-No hay estudios científicos que demuestren que el cachete no funciona.

“Pontificar basándose en “testimonios” es anticientífico. Quien quiera demostrar algo en este tema, que empiece mostrando sus datos y sus estadísticas.”

“No estoy para nada de acuerdo con que un cachete puntual sea un acto de violencia. Y eso no significa no respetarles ni considerarlos subhumanos. me gustaría ver en qué datos se basan los estudios que descartan el cachete y también me gustaría saber si alguien se ha molestado en estudiar si los niños criados con “diálogo” son mejores personas que los que han sufrido el terrible trauma del cachete (y no mezclemos el maltrato, que es otra cosa).”

Cada vez más estudios demuestran de forma fehaciente los efectos negativos de usar los cachetes en la educación (entre ellos, más agresividad, baja autoestima, falta de empatía, etc.). Así pues, no es excusa válida aducir que los estudios son inexistentes. La cruda realidad es que los cachetes consiguen, a través del miedo, reconducir o disminuir la conducta de los hijos que sus padres no aprueban, por lo que para estos progenitores, el efecto es el deseado sin plantearse las consecuencias traumáticas a corto y largo plazo que tienen los azotes en sus vástagos. Por consiguiente, podríamos pensar que, tal vez, estos padres no se expresen bien y lo que deberían decir es que “aunque conozco los efectos negativos del cachete, no me importa seguir usándolos con mis hijos”. Esto se ajustaría más a la realidad. Pero la cuestión es que cómo van a admitir una verdad de la que ni ellos mismos son conscientes. Al ser antiguos niños maltratados, estos padres viven y desde luego, desean vivir, bajo el influjo del autoengaño.

Hay multitud de estudios que demuestran que los niños que han sido educados con violencia son más violentos en sus relaciones con los demás. Como ejemplo, podéis leer este resumen de un estudio realizado en la Universidad de Tulane o en éste otro
La violencia solamente genera más violencia, esto está más que demostrado.

Esta defensa del maltrato, a pesar de los estudios científicos que nos advierten de los efectos traumáticos para los niños, confirma nuestra hipótesis de que justificar el cachete no tiene nada de racional, es algo totalmente visceral. Son patrones violentos aprendidos en la primera infancia que están muy enraizados en nuestra mente. Lo más preocupante es que estas creencias no las cambiará ningún estudio científico, el maltratador, seguirá pegando a sus hijos aunque se le presente una biblioteca entera de informes explicando las consecuencias del maltrato infantil. Y esto es así, porque las raíces de esa violencia son profundas grietas emocionales sufridas en la infancia y la solución no puede venir de la razón, sino de un profundo cambio interior.

Por otro lado, los mismos que reclaman estudios científicos para dejar de pegar a sus hijos, los rechazan cuando los tienen delante y los califican de “palabrería”. Se oponen a todo lo que va en contra de sus creencias, mejor dicho, en contra de las creencias que sus padres les inculcaron a base de azotes. Otra muestra más de la incongruencia y la cerrazón de estas personas.

-Psicólogos que defienden el cachete.

“Pues yo sí soy psicóloga. Con un niño de menos de 7 años no se puede dialogar por que no ha desarrollado aún las capacidades cognitivas que se requieren para ello. (…) entendiendo que disciplina no es igual a maltrato o violencia. Si en lugar de azote o cachete lo queremos llamar “toque” al estilo encantador de perros pues vale.”

“Como profesional, trabajo en salud mental, totalmente de acuerdo con un prestigioso psiquiatra con el que trabajé:”un cachete a tiempo evita años de terapia”

Resulta estremecedor que algún psicólogo aún defienda el cachete ignorando toda la evidencia científica de los últimos 30 ó 40 años. Las aberrantes e irresponsables declaraciones leídas más arriba, por desgracia, pueden servir de excusa perfecta para que algún padre legitime este tipo de maltrato. Y, desde luego, no lo dudéis, estos padres se acogerán a la opinión de ese supuesto experto, aunque haya otros 99 que opinen lo contrario.

Las personas que hacen este tipo de afirmaciones, por muy profesionales que sean, se muestran ciegos ante las verdaderas consecuencias de la violencia en la infancia porque ellos mismos, no han conseguido ni admitir los daños que sufrieron a manos de sus propios padres, parientes, tutores, profesores, etc., ni liberarse de ellos. Como ya hemos comentado en otras entradas, repiten, sin cuestionarse, los patrones que aprendieron en su infancia. Me parece absolutamente necesario que un psicólogo/terapeuta en formación haga, a su vez, una terapia para poder liberarse de los patrones violentos de su infancia. Por desgracia, en nuestro país esto es muy minoritario y casi nadie lo hace, al contrario de lo que ocurre en otros países como Argentina. La introspección y la liberación es algo que yo considero necesario para las parejas que se planteen ser padres, pero es mucho más importante en el caso de los psicólogos, ya que mucha gente les buscará para solucionar sus problemas. ¿Qué ayuda van a poder prestar si ellos mismos no se han liberado de sus propias vendas? Sería como un ciego que guía a otro ciego por un estrecho desfiladero, tarde o temprano caerán. Si no hacen un trabajo de introspección para liberarse de las ideas erróneas inculcadas en su infancia, buscarán justificación en cualquier corriente psicológica para seguir repitiendo sus patrones. Buscarán doblegar porque fueron doblegados, admitirán el sometimiento porque fueron sometidos.

 

-Conductistas peligrosos: extinción, premios y castigos.

“Lo de “dialogar” es una tontería que viene de las Ciencias Humanas, que son muy útiles en dominios como Ética o Arte, pero que no deberían opinar si no se basan en la experiencia y en el método. Repito, algo de ello lo podéis ver en el programa Supernanny, donde la profesional consigue cambiar el comportamiento de los niños sin un sólo cachete. Los cachetes sólo crean emociones negativas que pasarán factura a los adultos”

“El castigo SI funciona, el problema es que las condiciones para que su aplicación resulte realmente efectiva son muy complejas. El castigo debe ser de una intensidad adecuada, y debe administrarse INMEDIATAMENTE después de la conducta o durante su ejecución, cuanto más se demore menos efectivo será. Esto será más notorio en niños pequeños que en niños más mayores que ya sepan hablar y a los que se les pueda decir previamente porqué reciben ese cachete. En cualquier caso si está demostrado que otras técnicas, como la denominada “extinción” son más eficaces y duraderas, aunque su uso lleva a los padres a situaciones difíciles (ej. ignorar a un niño que está llorando y patalenado en un centro comercial porque no le compran la piruleta hasta que se pare, y solo entonces dirigirse a el).”

Por otro lado, también me preocupan los psicólogos que no recomiendan el “azote preventivo”, pero no porque moralmente estén en contra, sino porque no lo consideran tan efectivo como otras técnicas conductistas. Es cierto que hay alternativas de “adiestramiento” que pueden ser más efectivas que el azote, pero también son sutiles formas de maltrato que no dejan huellas físicas en el cuerpo, aunque sí se graban en el alma. De hecho, persiguen el mismo objetivo, el de doblegar la voluntad del niño. Dentro de estas técnicas nefastas y crueles podemos incluir, por ejemplo, los diversos métodos conductistas para “enseñar” a dormir a los niños, técnicas como la extinción, los castigos o los premios por objetivos conseguidos, etc. Por cierto, estas técnicas se basan en el condicionamiento operante que fue desarrollado por Skinner basándose en sus experimentos con palomas y ratones. Estos métodos conductistas también se utilizan hoy en día para domar caballos y entrenar perros.

La “extinción” consiste en ignorar o no hacer caso a la rabieta (o quejas, peticiones, llantos) que esté teniendo el niño hasta que se dé cuenta de que no consigue nada de esa manera (la realizan saliéndose de la habitación, mirando hacia otro lado, hablando con otra persona, etc.). El propósito de esta técnica es que el niño deponga su actitud en el momento en el que todo está transcurriendo y en toda futura ocasión en la que tenga una rabieta o, yendo más allá, en toda circunstancia en la que a los padres les resulte “irritante” su proceder. Esta técnica funciona relativamente bien, pero el problema reside, aparte del abandono emocional y de la humillación que supone para el niño, en que están tratando el síntoma sin interesarse por el motivo profundo de esa rabieta (quizás el niño está cansado, le duela algo, o necesita que sus padres le miren porque llevan toda la semana sin dedicarle más de cinco minutos). La rabieta nunca es el problema principal, siempre hay una demanda subyacente que nos está haciendo el niño a través de esta llamada de atención (tengamos en cuenta que las herramientas de comunicación que manejan los niño son mucho más básicas y limitadas que la de los adultos). Lo que deberíamos poder hacer en estos momentos delicados es prestarle atención a ese niño para entender qué es lo que le está pasando, qué necesita, escucharle y acompañarle en su crisis. Si no queremos dedicarle tiempo a atender a nuestro hijo, debemos saber que con la técnica de la extinción, el niño aprenderá que sus opiniones y sus sentimientos no tienen valor y que debe obedecer a sus padres si quiere que le presten atención. Esto tendrá unas graves consecuencias en su vida futura, como ya he explicado en otras ocasiones.

El tema de los premios y los castigos, que daría para otra entrada, tampoco me parece una buena opción educativa. Los niños “adiestrados” con estas técnicas, tras sufrirlas, interiorizan que todo comportamiento debe estar dirigido a conseguir un premio o a evitar un castigo, lo que, a la larga, deriva en un patrón de comportamiento devastador pues, crecen siguiendo un falso sistema de valores y no interiorizan los verdaderos motivos por los que está bien o mal hacer algo. Por ejemplo, “si apruebas el curso, te compraré la Nintendo o la Playstation”, no enseña al niño que estudiar le sirve para aprender cosas, sino a aprobar para conseguir el premio prometido. Entiendo que puede haber situaciones difíciles donde todo parece fuera de control, pero la solución no pasa por comunicarnos con nuestros hijos de forma mercantilista. No todo se compra o se vende en esta vida. Queremos que nuestros hijos sean responsables y cariñosos, pero compramos su amor y castigamos su búsqueda de autonomía. El premiar o castigar trastoca los valores de nuestros hijos, les roba su empatía, les vuelve sumisos ante lo material, lo que está de moda o lo que sale en la tele. Sí, nos obedecen, estudian, aprueban, recogen la mesa pero ¿a qué precio? El de la claudicación de su vida interior frente a los oropeles del dinero, y la necesidad de poseer cada vez más, más y más para llenar el abandono emocional y la soledad que sufrieron en sus infancias.

Cuando un niño sufre un momento, o una etapa de crisis, tenemos que ser conscientes de que la raíz de las dificultades está más oculta de lo que pueda parecer. También tenemos que tener bien presente que la búsqueda de la solución le incumbe a toda la familia. Si no profundizamos para trabajar la causa verdadera, sólo pondremos un parche momentáneo y el problema volverá a aparecer y, además, agravado.

 

– Lo que dicen los psicólogos es palabrería.

“muchas veces sabe más un peón de obra con experiencia de cómo hay que hacer un edificio que un arquitecto recién licenciado con su carrerita y todo y esto se aplica igual para los padres que viven con sus hijos o un psicólogo que solo a visto a niños en los libros por muy especialización que tenga”

“Estos estudios tienen de CIENTIFICO menos que la astrologia y la quiromancia, el que los considere serios no está en sus cabales.. SOLO SON PALABRERIA”

No considero que este apartado merezca ningún comentario, sólo os los quería mostrar para dejar constancia de algunos de los vacuos razonamiento que emplean con frecuencia los que defienden el uso del cachete preventivo en la educación.

 

– Hablan mucho, pero seguro que no tienen hijos.

“Mucho dicen los psicólogos, pedagogos, y demás expertos afines a la materia, pero quien cria a los hijos son los demás, y la mayoría de las veces los consejos que dan no sirven (los niños son mas listos que los adultos).”

“ya me gustaría a mí que toda esa gente que está delante del ordenador teorizando de cómo se educa tuviera un hijo problemático….No se puede generalizar, cada niño es un mundo. Sí, primero hay que razonar, pero cuando la razón se agota, un azote no viene mal.”

Al parecer, el mero hecho de tener un hijo te capacita, debe ser por ciencia infusa, como experto en la infancia, y desde luego, tus conocimientos están por encima de los de las personas que han estudiado psicología, pedagogía y, también, de los de aquellos psicólogos con años de experiencia con cientos de pacientes que les llegan por las patológicas desarrolladas como consecuencia directa de los malos tratos sufridos en su infancia.

De igual manera que comprarse una guitarra no le convierte a uno en guitarrista, ser padre/madre no conlleva una inspiración inmediata del Espíritu Santo sobre psicología y desarrollo infantil. Si los padres no han hecho un profundo trabajo de introspección y de liberación personal para cambiar los patrones violentos interiorizados en su infancia, lo único que les proporciona el tener un hijo es una vía fácil, inmediata, asumida socialmente y no penalizada para descargar su propia agresividad y sus frustraciones con una persona inocente.

Por otro lado, algunos psicólogos sí que tenemos hijos, pero los conflictos que surgen, nos sirven y son una oportunidad para darnos cuenta de nuestros bloqueos y de nuestras propias limitaciones. Podemos liberarnos de los efectos negativos de nuestra propia infancia, nuestros hijos no deben sufrir, por nuestras carencias, crueles correctivos físicos o psíquicos. Es cierto que, aún hoy en día, muchos psicólogos siguen cegados por el conductismo dominante, pero, afortunadamente, cada vez somos más los que criamos a nuestros hijos con apego, respeto y sin utilizar medios coercitivos para comunicarnos con ellos.

Y, para terminar con esta serie de entradas sobre los cachetes y el maltrato infantil, me gustaría dejaros con una cita de Clarissa Pinkola Estés (autora de “Mujeres que corren con los lobos”):
“Muchos grupos étnicos sostienen la sensata idea de que a un niño no se le debería pegar jamás, pues tal cosa aleja el espíritu de su cuerpo y el hecho de recuperarlo y volver a colocarlo en el hogar que le corresponde es un proceso muy arduo y prolongado.”

 

Autor: Ramón Soler

Foto: flickr.com – Pink Sherbet

Acerca del autor

Ramón Soler Ramón Soler - rsoler@mentelibre.es Psicólogo Colegiado Sanitario experto en Terapia Regresiva Reconstructiva, Hipnosis Clínica, Psicologia Pre y Perinatal, Psicología infantil y Psicología de la Mujer. Escritor, Divulgador y Conferenciante. En la actualidad pasa consulta Online para todo el mundo y Presencial en Málaga (España). Compagina esta labor con la de Codirector, Autor y Administrador de este Blog. Puedes visitar más sobre su trabajo como Psicólogo en : www.regresionesterapeuticas.com