Buenos y malos estudiantes.

Buenos y malos estudiantes.

“Summer Hill prefiere producir un barrendero feliz que un neurótico Primer Ministro”, Alexander Neill

Hace unas semanas fuimos a pasar unos días de descanso al Cabo de Gata. Una de las visitas obligadas fue el pueblo de Níjar, un precioso pueblo andaluz de la sierra almeriense en el que siempre nos quedamos fascinados por sus originalísimas tiendas de artesanía. Podría decir, creo que sin equivocarme, que los Nijareños conservan aún el espíritu de los arquitectos barrocos, pues sus establecimientos son un claro exponente del “Horror Vacui”: locales llenos, desde el suelo hasta el techo, de figuritas, cuencos, una infinidad de piezas de barro, jarapas, paño, juguetes, ropa y mil y una cosas que me dejo en el tintero. En una de aquellas tiendas repletas de cacharritos, cuando fuimos a pagar lo que habíamos elegido, el dueño de la tienda nos felicitó por el comportamiento de nuestra hija, Adriana, que justo en aquellos días acababa de cumplir dos años y medio. Según sus propias palabras, era “la niña más buena que había visto nunca”.

Sí que es cierto que nuestra hija es muy tranquila, pero nosotros no creemos que ella sea buena o mala, de hecho los niños, no son ni buenos ni malos, cada uno tiene su carácter, su temperamento y su forma de ser y no hay que verter sobre ellos juicios éticos tan duros como la maldad porque no estemos de acuerdo con su forma de actuar. Por cierto, tampoco la de la bondad es una buena etiqueta para un niño, con el tiempo puede que saque un post sobre las consecuencias a largo plazo de la pesada losa que supone para el crecimiento personal tener que actuar siempre “como el niño bueno”.

Pero, volviendo con la anécdota, os diré que tras entablar conversación con el vendedor, el hombre comenzó a hablarnos de sus hijos. Estaba muy orgulloso de sus dos hijas mayores, que habían conseguido ir a la Universidad, pero cuando nos comentó que también tenía un “varón”, el pequeño de los tres, torció el gesto. Según nos dijo, el chico no había sido buen estudiante, de hecho, había pasado por “catorce colegios” (palabras textuales) y en ninguno de ellos, había logrado integrarse. No estudiaba, sacaba malas notas, era un niño nervioso y molestaba a sus compañeros de clase. Entonces no existía el TDHA, pero hoy en día habría sido el típico niño diagnosticado y medicado como tal.

El atribulado padre, nos explicó que, sin embargo, el niño sí que había destacado en un ámbito. Al parecer, llegada la adolescencia, se convirtió en un magnífico deportista. Además, le gustaba leer y estudiar todo lo que tuviera que ver con la fisiología del deporte, la alimentación, prevención de lesiones, etc. Todo lo relacionado con el deporte le apasionaba y lo estudiaba sin problemas. De hecho, el chico acabó dedicándose profesionalmente a entrenar y a promocionar el deporte entre los jóvenes.

-¡Qué bien que, al final, encontrara su verdadera vocación, a pesar de la escuela!- le dijimos nosotros, alegrándonos por el muchacho.

– Emm… bueno, ya, pero no era buen estudiante- replicó él algo dubitativo.

-¿Y le gusta lo que hace?- le preguntamos nosotros, casi al unísono.

-Sí, claro. Está encantado y no para de estudiar todo lo que tiene que ver con su trabajo- respondió, esbozando la única sonrisa que, hasta entonces, había mostrado al hablar de su hijo.

-Entonces, no era torpe, ni mal estudiante. Seguramente las asignaturas del colegio no le atraían y se aburría en clase. Y, cuando ha encontrado lo que de verdad le gusta, se interesa y lo estudia como el mejor – intentamos explicarle.

Quizás le suponía un cambio demasiado radical con respecto a la idea de su hijo que había mantenido durante toda su vida. Le costaba reaccionar y seguía pensando que la única manera de ser feliz y triunfar en la vida era tener buenas notas en el colegio y llegar a la Universidad.

La conversación no duró mucho más. Nos despedimos para seguir con nuestra visita al pueblo, pero el encuentro con este señor nos dejó un sabor agridulce.  El chaval había conseguido encontrar algo a lo que poder dedicarse, en lo que era bueno y que le hacía disfrutar y ser feliz. Sin embargo, nos pareció que aquel muchacho siempre sería la oveja negra de la familia y cargaría con el estigma de “el mal estudiante que no fue a la Universidad”.

Desconozco si las hijas de este señor terminaron trabajando en algo relacionado con lo que estudiaron y si tendrán una vida laboral satisfactoria. La mayoría de los niños acaba adaptándose a un sistema educativo rígido, basado en el estudio memorístico de materias teóricas impuestas, que no prima, ni potencia, las cualidades ni la vocación individual de los alumnos. El sistema actual de aprendizaje en nuestras escuelas es restrictivo y exclusivo (de excluyente), si no te adaptas a sus imposiciones acabas siendo marginando por el propio sistema y, en muchas ocasiones, por tu propia familia y por la sociedad, por lo que terminas con un halo de fracasado que acaba acompañándote de por vida (aunque hemos visto, como en el caso del hijo de este señor, que se puede ser feliz y tener una vida laboral positiva aun habiendo sido la “oveja negra” de catorce colegios). Los niños que se adaptan al sistema, a costa la mayoría de las veces de sacrificar sus verdaderas inclinaciones, acaban llegando a la Universidad, que está basada en los mismos principios, y consiguen terminar sus estudios sin muchos problemas. Se nos ha inculcado que el objetivo para ser feliz es hacer una carrera universitaria y, quizás, esto no sea del todo cierto o, al menos, no sea así para todas las personas.

Teniendo muy presentes a nuestra niña, que ahora tiene poco más de dos años y medio, este breve encuentro nos dejó con muchas preguntas inquietantes… ¿necesitaba realmente ese niño aprender a hacer raíces cuadradas a mano o a multiplicar fracciones? ¿Está nuestro sistema educativo preparado para detectar y atender adecuadamente las individualidades de los alumnos o, simplemente, margina y medica a los que se apartan de lo establecido? ¿Qué habría de sido de tantos y tantos  niños fracasados, con baja autoestima, y con vidas desgraciadas, si se les hubiera dejado aprender lo que de verdad les interesaba y les estimulaba en vez de obligarles durante años a “pelearse” con materias estériles para ellos? ¿Maltrata el sistema escolar a los niños que no les interesa las materias tradicionales al intentar “amoldarlos” y adoctrinarlos? ¿Podemos considerar a la escuela como una aliada del conductismo parental represivo ejercitado contra muchos niños?  ¿Es el actual sistema escolar violento y propicia un entorno hostil para nuestros hijos?

 

Autor: Ramón Soler

Foto: Flickr – OUCHcharley 

Acerca del autor

Ramón Soler Ramón Soler - rsoler@mentelibre.es Psicólogo Colegiado Sanitario experto en Terapia Regresiva Reconstructiva, Hipnosis Clínica, Psicologia Pre y Perinatal, Psicología infantil y Psicología de la Mujer. Escritor, Divulgador y Conferenciante. En la actualidad pasa consulta Online para todo el mundo y Presencial en Málaga (España). Compagina esta labor con la de Codirector, Autor y Administrador de este Blog. Puedes visitar más sobre su trabajo como Psicólogo en : www.regresionesterapeuticas.com