¿Dónde debemos situar el límite del humor?

¿Dónde debemos situar el límite del humor?

Ayer, gracias a la denuncia pública que realizó la asociación El Parto es Nuestro, nos quedamos conmocionados ante las “viñetas humorísticas” que se publican en el boletín electrónico de la SEGO (Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia). Las escenas, supuestamente divertidas, denigran, humillan, vejan y ningunean a las mujeres en general y a jóvenes, embarazadas, mayores y ancianas en particular. No dejan los chistes títere con cabeza y a ninguna mujer tratan con el respeto debido. La postura, tanto del dibujante como de las personas que le han permitido publicar las viñetas, es indefendible. La obscenidad, la denigración, la vejación, la injuria y el agravio no tienen cabida dentro del foro público de unos profesionales que supuestamente deberían estar comprometidos con el bienestar de las mujeres.

¿Qué ha llevado a todos estos personajes a actuar de esta manera? ¿Por qué muchas personas no se echan las manos a la cabeza al ver estos ataques injustificados, crueles e indebidos hacia las mujeres? ¿Todo tiene cabida dentro del humor o tendrían que existir unos límites éticos y morales?

Intentaremos responder a todas estas cuestiones indagando en la cruda realidad que se esconde tras estas personas que se amparan en el humor para denigrar y vejar.

Hace años, cuando mi madre estaba en fase terminal de un cáncer, asistí, sin muchas ganas, a una cena de fin de un curso. Mi madre insistió y por no llevarle la contraria, me fui a cenar con los compañeros, todos como yo, licenciados hacía un par de años. Tenía alguna amiga entre aquellas personas y me senté a su lado. En frente, se me sentó un chico que no conocía muy bien puesto que casi no había aparecido por clase. Recuerdo perfectamente que, hacia los postres, el chaval empezó a hacerse el graciosillo con todas nosotras y nos estuvo torturando con un sin fin de chistes horrorosos, pero sin embargo, no de mal gusto. De repente, contó uno que me hizo enfurecer, era obsceno y procaz y trataba sobre una persona con cáncer que se moría de la forma más cruel. Me quedé espantada, no comprendía cómo podía contar aquella horrorosa historia sin inmutarse. Como no soy de las personas que se callan, le pedí que dejara de contar aquel tipo de chistes, que mi madre se estaba muriendo y oír burradas de ese jaez me hacía mucho daño. Sin embargo, la respuesta del chico me dejó de piedra, me dijo que no pasaba nada, que el padre de su novia también se estaba muriendo de cáncer, que a ella le hacía gracia su sentido del humor y que él contaba los chistes que “le daba la gana”. Por supuesto, le respondí que contara los chistes que quisiera delante de su pareja, pero que delante mía, se contuviera y me respetara. Al final, al verme tan enfadada, se retuvo un poco y cambió la conversación, empezó otra vez con los chistes tontos pero no malévolos.

Muchos años han pasado desde aquel día en el que volví a mi casa con el corazón encogido por la crueldad que puede llegar a mostrar el ser humano hacia otra persona que está sintiendo dolor, sufriendo y en una situación límite. Por aquel entonces, no comprendía el porqué de aquella actuación salida de tono y desproporcionada. Hoy puedo afirmar que dentro de aquel joven había mucha rabia, odio y represión. El chico, se reía con crueldad de la enfermedad y el dolor porque, además de temerla (seguramente alguien cercano a él había muerto de cáncer), tenía una tendencia al sadismo muy acusada. Su visión del mundo estaba empañada de dolor y crueldad y, por eso, contaba chistes que además de hacer daño, trasladaban al consciente los traumas de su yo herido. En realidad, aquel personaje, no era más que un niño violentado que quería devolverle al mundo todo el sufrimiento y sadismo que había padecido de pequeño. A través del humor, aquel chico liberaba su ira y, al mismo tiempo, conseguía placer, pues el dolor que causaba (o que se imaginaba que sentía la persona en la que personalizaba la historia) le hacía sentirse bien. Atroz ¿verdad?

Algunas personas, antiguos niños maltratados, si no han comprendido, tratado y superado sus traumas infantiles, buscan mecanismos inconscientes para propagar a su alrededor dolor, daño y violencia: algunos agreden física y psicológicamente a sus familiares, otros a sus compañeros de trabajo, otros organizan exterminios y guerras, otros cuentan chistes crueles y dañinos y algunos, maltratan y se burlan de sus pacientes con la excusa del humor.

Ante todo, en el humor debe imperar el respeto. Tu libertad de expresión debe llegar justo hasta donde comienza la libertad individual de otra persona o colectivo. No debemos ampararnos en el humor para denigrar, vejar o humillar a ningún ser humano. No debemos utilizar el humor para reírnos de las diferencias físicas, sexuales o intelectuales de otras personas. Vejar y denigrar no es humor, es humillación y crueldad y el único sentido que tiene es el causar dolor. Algunos aprovechan los chistes para denigrar a las personas o colectivos que odian amparados en el hecho de que para mucha gente, demagógica, todo tiene cabida dentro del humor. Sin embargo, se equivocan; los chistes que humillan, denigran o violentan a cualquier ser humano por su condición sexual, su raza, su credo, su tendencia sexual, su sexo, etc., además de carecer de sentido del humor y ser de un mal gusto tremendo, no deben estar permitidos en foros públicos. En privado, cada uno hace lo que quiere, pero ese tipo de “no sentido” del humor tiene una profunda carga inconsciente. Si nos reímos porque denigran a alguien o porque siente dolor o sufre, tal vez deberíamos revisar nuestro sistema de valores.

Con respecto a los chistes publicados en el boletín de la SEGO, me causa estupor que el dibujante haya podido publicar un gran número de ellos con total impunidad. En ellos, una verdadera apología del maltrato, se destila una terrible misoginia, un odio hacia las mujeres atroz, desmesurado e injustificable para un profesional cuyo modo de vida depende de la salud de las mujeres. Sus traumas con las mujeres ¿tal vez con su madre? deben ser terribles y, por ello, desea hacer daño y se burla de diversas situaciones en las que muchas de ellas están sufriendo o pasándolo mal. Las ningunea, las reduce a seres estultos y limitados que no saben ni pensar por ellas mismas y que alocadamente piden partos naturales y emplean osadamente jerga médica. ¿Por qué tanto odio? Miedo, envidia, deseos de venganza, educación violenta e irrespetuosa, traumas no superados, complejo de inferioridad, sadismo, deseo de causar dolor… (recomiendo para más información leer nuestra entrada sobre Maltrato infantil y Violencia Obstétrica). El inconsciente no engaña y, en cada viñeta, el dibujante se retrata y deja escapar la verdad de un yo tortuoso y herido.

Ahora, vayamos a la segunda parte de esta cuestión igual de preocupante y terrible ¿por qué este hombre ha podido publicar impunemente estas ofensivas viñetas en el boletín de la SEGO? Aunque todos sabemos que dentro de la ginecología y la obstetricia hay grandes profesionales, da la impresión que existe un número importante de estos médicos que aún no ha asumido el cambio de tendencia dentro de esta especialidad. ¿Por qué le ríen las no-gracias al autor de las viñetas? ¿Comparten ideas, traumas, misoginia? ¿Temen perder su poder?

A los que no están de acuerdo con estas actitudes antediluvianos, las mujeres les pedimos que levanten sus voces y rechacen a estos profesionales que avergüenzan y denigran su profesión. Si no comparten traumas, ideas y educación coercitiva y cruel ¡¡opónganse a la pésima imagen de su colectivo que están ofreciendo estas viñetas de su boletín!!

Señores y señoras ginecólogos y obstetras, las mujeres no somos vuestras enemigas. Las mujeres deseamos recuperar el control de nuestra salud, deseamos decidir el cómo van a ser nuestros partos y el cómo queremos que nazcan nuestros hijos. Tal vez alguno entre vosotros sienta temor porque las cosas están cambiando y deben trabajar de otra manera, pero el evolucionar y transformar su profesión para mejor no es malo, al revés redundará en la salud de las mujeres, de los bebés y de la sociedad en general.

Unamos nuestras voces para acabar de una vez por todas con vejaciones, humillaciones, misoginia y degradación a las usuarias de sus servicios. Si no te sientes bien con los nuevos tiempos, busca ayuda, libérate de traumas que te tienen atrapado en tu infancia ingrata e infeliz, pero por favor, deja de maltratarnos.

Señores y señoras ginecólogos y obstetras, las mujeres os pedimos y os exigimos el debido respeto. Los que no se vean capaces de darlo, que se reciclen en otras especialidades.

Alcemos nuestras voces, mujeres y hombres de hoy para dignificar nuestra imagen e impedir que se sigan conculcando, impunemente, nuestros derechos.

Texto: Elena Mayorga

Para más información, os dejamos algunos enlaces:

Grupo de Facebook de oposición a las viñetas

Resumen en Babyradical de todos los post que muestran rechazo a estas viñetas

Tenemos tetas: los ginesaurios

Bebés y más: ¿Humor de ginecólogo?

Carta abierta al Presidente de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia de Ana Álvarez-Errecalde

Mónica Felipe-Larralde en estudio sobre el útero

Reeducando a mamá

Lady Vaga: el ginesaurio artista, una nueva subespecie

 

 

 

Acerca del autor

Elena Mayorga Elena Mayorga - emayorga@mentelibre.es Licenciada en Filosofía y Letras. Madre, Escritora, Pensadora y Divulgadora. Escribo principalmente sobre Crianza Respetuosa, Procesos Emocionales de la Mujer, Maternidad y Autoconocimiento . Autora de literatura infantil Respetuosa. Bloguera.