Zelig, Woody Allen (1983).

Zelig, Woody Allen (1983).

¿Qué hacemos para ser aceptados por los demás? ¿Hasta dónde somos capaces de sacrificar nuestra verdadera personalidad por lograr sentirnos integrados en un grupo?

Estas cuestiones tan espinosas nos propone Woody Allen al presentarnos la historia de Zelig, bautizado como el “camaleón humano” por su facilidad para mimetizarse con su entorno hasta el punto de, no sólo cambiar su forma de pensar, sino también modificar su aspecto físico según el grupo social al que desea pertenecer.

Zelig, como película,  técnicamente sorprendió en su momento pues está rodada como si fuera un documental. Gracias a este truco técnico, podemos observar como transcurre la vida de este singular personaje, desde los alegres años 20, hasta la II Guerra Mundial. Resulta sorprendente ver cómo se va transformando y cambiando sin problema y de forma magistral: mientras en una escena Zelig está entre hombres de negocios, comportándose  y hablando como si fuera uno de ellos; en otra, cuando va al barrio chino, sus facciones cambian y sus ojos se rasgan; o, incluso, llega al punto de que, cuando intentan psicoanalizarle, él se convierte en terapeuta.

Evidentemente, Zelig representa una versión cómica y exagerada de las máscaras que nos ponemos para integrarnos y sentirnos protegidos por el grupo, no de vemos olvidar, que todos, en mayor o menor medida, fingimos un papel para adaptamos al ambiente en el que tenemos que desenvolvernos (trabajo, amigos…). El problema surge cuando esas máscaras terminan haciéndonos creer que somos de una manera determinada que está muy alejada de nuestro verdadero yo interior, puesto que, en ese caso, acabamos convirtiéndonos en lo que quieren los demás, en lo que nos dijeron de pequeños y asumimos por imposición desde muy temprana edad.

Tenemos máscaras diferentes para amigos, familiares, compañeros de trabajo, parejas… muchas veces distintas, pero todas superpuestas. Y cuantas más máscaras sumemos, más alejados estamos de nuestro verdadero Yo, de nuestra verdad  interior. Un paciente me contó una vez que no sabía realmente si el tomate le gustaba o si no le gustaba; a su papá le gustaba, pero a su mamá no, de modo que su gusto personal se amoldaba dependiendo de con quién estaba, como le sucede a Zelig. Obviamente, la sensación de despersonalización era total: ¿quién soy yo realmente?.

Volviendo a la película, seguro que es motivo de reflexión, para descubrir hasta qué punto, nosotros somos Zelig. Deberemos comprender tanto los beneficios que obtenemos como las consecuencias y, finalmente, conseguir librarnos de las máscaras que nos impiden ser nosotros mismos.

Para abrir boca, os dejamos con un vídeo de Woody Allen hablando sobre Zelig:

Woody Allen: Zelig

 

Texto: Ramón Soler

Acerca del autor

Ramón Soler Ramón Soler - rsoler@mentelibre.es Psicólogo Colegiado Sanitario experto en Terapia Regresiva Reconstructiva, Hipnosis Clínica, Psicologia Pre y Perinatal, Psicología infantil y Psicología de la Mujer. Escritor, Divulgador y Conferenciante. En la actualidad pasa consulta Online para todo el mundo y Presencial en Málaga (España). Compagina esta labor con la de Codirector, Autor y Administrador de este Blog. Puedes visitar más sobre su trabajo como Psicólogo en : www.regresionesterapeuticas.com