Poniendo límites a Javier Urra

Poniendo límites a Javier Urra

Hoy quiero traer a nuestro blog una noticia que apareció hace algunos meses en los medios de comunicación. En ella, se contaba como una de las hijas de Brad Pitt y Angelina Jolie, Shiloh de cinco años, había decidido cambiar su nombre por el de Shax. La noticia en sí no es grave, ni alarmante, no es extraño que los niños pasen por etapas de desarrollo en las que jueguen a ser otras personas o, incluso, deseen cambiar su nombre durante un tiempo.

Sin embargo, lo que a mí me llamó la atención fue el  artículo tan sesgado y tendencioso que acompañaba a la noticia. El parcial periodista se preguntaba si los padres eran demasiado permisivos permitiendo que su hija cambiara su nombre y, para confirmar su teoría, en lugar de contrastar distintas opiniones, consultaba a uno de los psicólogos más extremista, rígido y conductista de este país, Javier Urra.

El inicio del artículo es bastante parcial y, de hecho, marca el camino por el que discurrirá el resto. Veamos…

¿Son Brad Pitt y Angelina Jolie unos padres demasiado permisivos? Esta semana conocíamos la noticia de que una de las hijas de la pareja de actores, Shiloh de cinco años, ha decidido cambiarse el nombre por el de Shax. (…) Esto nos hace plantearnos si es bueno dar tanta libertad a nuestros hijos o si es mejor establecer unos límites en algunos aspectos.

Javier Urra, doctor en psicología, explica a El Confidencial que “hay que tener cierta flexibilidad con los niños, pero siempre a partir de unos criterios mínimos”.

Coincido con Javier Urra en que los niños necesitan algunos límites, pero, ni siquiera en esto, estamos totalmente de acuerdo. En mi opinión, los límites que precisan los niños se reducen a unas mínimas normas de convivencia que sólo necesitan ser marcadas cuando el comportamiento del niño coarte la libertad de los demás.

Tenemos que educar a nuestros hijos con el respeto y la empatía necesarios para que puedan ponerse en el lugar de los otros. Obviamente, nosotros, con nuestro ejemplo, debemos enseñarles que no se puede agredir, insultar o vejar a los demás.

Sin embargo, me temo que los “criterios mínimos” de Javier Urra van mucho más allá y la “flexibilidad” que ofrece a los niños es bastante escasa, como demostrará más adelante.

El hecho de que coincidamos en la idea de que los niños necesitan límites no es más que una mera anomalía estadística. ¿Recordáis aquel problema del colegio en el que dos trenes viajaban en direcciones opuestas y se encontraban en un punto intermedio? Pues el Sr. Urra y yo viajamos cada uno en uno de esos trenes. Coincidimos momentáneamente en una idea, pero yo me alejo del autoritarismo y mis objetivos son los de fomentar el respeto a los niños y el de defender su derecho a la autorregulación, mientras que su tren va en la dirección contraria, es decir, despreciando la bondad natural de los niños y dirigiéndose, sin contemplaciones, hacia la obediencia y el sometimiento de los pequeños.

Urra asegura que “no tiene respuesta” sobre el caso de la pequeña Shax, ya que no entiende “por qué le dejan hacer eso” (…) Si la hija de Pitt y Jolie quiere cambiarse el nombre, “le dices que no y ya se verá qué pasa cuando cumpla la mayoría de edad”, dice Urra.

¿Por qué les molesta tanto al periodista y al psicólogo que una niña decida por sí misma cómo quiere llamarse? Tal vez, porque decidir el nombre del bebé es una de las resoluciones más determinantes que pueden tomar los padres en la vida de su hijo. El nombre que llevamos, nos marca de por vida y, por lo tanto, la sensación de control de los padres al decidirlo es total. Supongo que tanto a Urra como al periodista, les molesta enormemente que un niño pequeño cuestione la decisión de sus padres y decida por sí mismo cómo quiere llamarse. Por cierto, tendrían que ver el porqué de este resquemor.

En mi consulta, uno de los ejercicios que hago con las mujeres embarazadas es el de conectar con su bebé in útero mediante unos ejercicios de relajación. Las madres llegan a sentir de manera tan directa a su bebé que pueden comunicarse con ellos y, en muchas ocasiones, son ellos mismos los que les dicen cómo quieren llamarse. Es una muestra de cómo el respeto por el otro ser empieza ya desde el embarazo.

La cuestión, asegura Urra, es que estos padres consideran que “los límites les pueden producir traumas a sus hijos”, pero esto no es cierto, ya que la inexistencia de unas barreras les provocará problemas futuros.

Como ya he dicho antes y, como hemos mencionado en otras ocasiones (infancia, educación emocional y límites), los niños necesitan tener unas mínimas normas de convivencia que les ayuden a manejarse correctamente en nuestra sociedad, pero estos límites se reducen a los mínimos para que sepan reconocer la libertad de los demás y les permitan, a su vez, disfrutar de la suya.

Los únicos límites que necesitan los niños se deben basar en el respeto a la integridad física y emocional de los demás.

El peligro es que muchos profesionales y padres, aprovechan el apoyo tácito que les brinda este supuesto experto con su manera de hablar sobre los límites para marcarles  normas absurdas, restrictivas y abusivas a sus hijos. Y unos límites excesivos y aleatorios, sí que producen traumas en los niños, pero parece que esto es algo que muchos profesionales prefieren obviar.

Quizás si Jolie durante su infancia no tuvo límites, ahora es incapaz de ponérselos a sus hijos.

Desconozco cómo fue la infancia de Angelina Jolie. Sin embargo, sí que sé que mantiene una relación estable desde bastantes años con Brad Pitt, que tiene tres hijos propios y que ha adoptado a otros tres, lo que da muestras de estabilidad emocional en su adultez. Haber adoptado a tres niños me parece una muestra de empatía y generosidad que, seguramente, provienen de la libertad que disfrutó de pequeña. Nada que ver con los desastres con los que amenaza Urra.

De no hacer caso al experto, corremos el riesgo de que “el niño sea un caprichoso y acabe siendo un desgraciado y fracasando. Creerá que todo es siempre como él quiera y la vida no es sólo el yo, sino también el tú y el nosotros”. “los límites son tan necesarios para el ser humano como el comer” porque si no corremos el riesgo de que se convierta en “un pequeño dictador e imponga siempre las cosas”.

De nuevo, Urra mezcla conceptos y confunde a muchos padres. Claro que unos límites mínimos son necesarios, pero lo que propone este señor es una restricción total de la libertad de los hijos. Un niño no se convierte en un “pequeño dictador” por falta de límites, sino por falta de empatía. Y la empatía, no se impone a la fuerza, sino que se enseña mediante el ejemplo.

Por cierto, que forma tan poco agraciada de denominar a los hijos, ¿pequeños dictadores?, no creo que ningún niño deba ser comparado con genocidas. Los niños no nacen malvados, las circunstancias adversas de sus vidas son las que les transforman en adultos crueles, asociales y atormentados.

Volviendo al caso de niños tan pequeños como Shax, Urra señala que “con cinco años no hay que ser flexible en casi nada” y explica que “es a partir de la adolescencia, de los 13 años cuando se les puede empezar a dejar que decidan bajo su criterio”.

Tuve que leer varias veces estas frases para encontrar algún atisbo de ironía, pero creo que lo dice totalmente en serio. Lo que demuestra el Sr. Urra con comentarios como éste es no tener el más mínimo respeto por los niños y muy poca idea sobre el desarrollo madurativo infantil.

Casi con toda seguridad, estas palabras son una repetición de alguna expresión de su padre o de su madre. Algo tan demencial y con tan poca base científica no puede provenir de un supuesto experto en psicología infantil. Una barbaridad de tal tamaño debe haber sido grabada a fuego en su inconsciente de niño para que sea capaz de saltarse todos los filtros racionales/científicos y llegue a ser pronunciada.

Ya hemos explicado en otras ocasiones la importancia que tienen para un niño los mensajes que escucha de sus padres, sobre todo, en los primeros años de vida. Por ese motivo, pienso que la única explicación a este disparate es que lo haya escuchado tantas veces a lo largo de toda su infancia que no sea capaz de cuestionárselo ni de darse cuenta de lo absurdo que es.

Precisamente, en los primeros años de sus vidas es cuando los niños deben tener más libertad para poder crecer flexibles y convertirse en adultos felices, mentalmente libres y no limitados por normas absurdas. Como ya escribí al comienzo de esta artículo, el único límite que deben tener los niños es el que se refiere al respeto a la libertad de los demás, pero este respeto no puede ser algo impuesto, sino aprendido por observación, mediante la propia experiencia con sus padres. ¿Cómo queremos que sean niños (y, posteriormente, adultos) respetuosos si este señor recomienda no permitirles hacer ni decidir nada hasta los 13 años? La represión y la rabia contenida de esos niños se reflejará en todos sus actos cuando sean mayores. Para ver algún ejemplo de las consecuencias de esta crianza autoritaria, basta con salir a la calle y observar cómo se comporta la gente en el tráfico y en el trato con los demás.

Javier Urra establece que “a partir de los dos años y medio es bueno empezar a pedir al niño que ayude y que recoja sus cosas. Si lo hace debemos premiarlos”

Con respecto al orden en casa, creo que es importante saber que el niño ayudará espontáneamente cuando esté preparado madurativamente para hacerlo. Ningún niño de dos años y medio (ni de tres, ni de cuatro) recoge las cosas per sé, si nadie le fuerza o le chantajea para hacerlo.

Por otra parte, no está de más saber que lo que a nosotros, lo adultos, nos parece desorden y caos, para los niños tiene un nivel de significado diferente: juego, descubrimiento, mezcla de texturas, colores, …

Volviendo al tema de la manipulación, no hay que olvidar el hecho de que los premios, al igual que los castigos, son dañinas herramientas manipulativas y mercantilistas que buscan la obediencia y el sometimiento de los niños a cualquier precio. El niño acata una orden (por absurda que sea), no porque haya interiorizado los verdaderos motivos del comportamiento, sino para conseguir el premio o para evitar el castigo. En su futuro, ya adolescente o adulto, esta persona será emocionalmente muy dependiente. Además, será incapaz de decidir por sí mismo y será fácilmente manipulable por la publicidad, los políticos, sus jefes, sus parejas y/o por cualquiera que le ofrezca un premio (en los casos más extremos, un castigo) a cambio de algo.

Como resumen, a través de estas y otras declaraciones, se evidencia que el Sr. Urra rezuma un gravísimo desprecio por los niños y la infancia, carece de empatía hacia ellos y desconoce o desea desconocer los verdaderos procesos madurativos y evolutivos de los niños.

Teniendo en cuenta que Javier Urra fue defensor del menor de la Comunidad de Madrid, seguro que muchos niños podrían entonar aquello de “con amigos como éste, quién quiere enemigos”.

 

Texto: Ramón Soler

Acerca del autor

Ramón Soler Ramón Soler - rsoler@mentelibre.es Psicólogo Colegiado Sanitario experto en Terapia Regresiva Reconstructiva, Hipnosis Clínica, Psicologia Pre y Perinatal, Psicología infantil y Psicología de la Mujer. Escritor, Divulgador y Conferenciante. En la actualidad pasa consulta Online para todo el mundo y Presencial en Málaga (España). Compagina esta labor con la de Codirector, Autor y Administrador de este Blog. Puedes visitar más sobre su trabajo como Psicólogo en : www.regresionesterapeuticas.com