Alice Miller: cómo hablar a los hijos

Alice Miller: cómo hablar a los hijos

Con frecuencia, recibo correos de madres, seguidoras de este blog, para pedirme consejo sobre cómo explicarle a sus hijos los errores que cometieron en su educación cuando eran pequeños. Son madres que sienten que han llegado tarde a la crianza respetuosa, y que se han percatado de los posibles daños que las equivocaciones que cometieron, han podido provocar en la vida de sus hijos.

Estas madres, no pueden evitar sentirse culpables por no haberle dedicado el tiempo suficiente a sus hijos, por haberles gritado, castigado o, incluso, por haberles dado algún azote para educarles (como a su vez, hacían sus padres con ellas). Aunque han realizado un esfuerzo por cambiar y no seguir repitiendo los mismos patrones autoritarios que ellas mismas vivieron y sufrieron de niñas, no saben cómo “romper el muro de silencio” que se ha erigido entre sus hijos y ellas. Desean explicarle a sus hijos qué las llevó a castigarles, pegarles o gritarles cuando eran más pequeños, pero, no saben cómo hacerlo.

Estas valientes mujeres, tienen toda mi admiración porque sé lo difícil que es enfrentarse a su sombra para cambiar esos patrones tan arraigados en su comportamiento.

Por mi parte, yo intento animarlas a que hablen abiertamente con sus hijos de sus emociones, de cómo se sentían entonces y de todo lo que han hecho por cambiar. Les respondo que la comunicación sincera y abierta es la mejor herramienta para paliar todos los daños que sus hijos hayan podido sufrir. Como decía nuestra amiga Lidia de jugandoenfamilia en este estupendo artículo, “nunca es tarde” para cambiar, por nuestro bien y por el de nuestros hijos. Si nosotros dejamos atrás el pasado y maduramos, nuestros hijos se beneficiarán de este proceso.

Cuando escribo a estas madres, siempre me gusta compartir con ellas estos esclarecedores párrafos de Alice Miller, en los que reflexiona sobre cómo hablar con los hijos. Está extraído de su libro “Salvar tu vida. La superación del maltrato en la infancia” (2009) y el capítulo se llama “Decir la verdad a los niños”. Os dejo con ella:

Para no convertirse en víctima de depresiones, de trastornos alimentarios ni tampoco de la adicción a las drogas, el niño necesita tener acceso a su historia. (…) Para superar la sensación de aislamiento (hallarse solo con su secreto), los padres deben encontrar el valor suficiente para reconocer su error ante el niño. Esto transformaría completamente la situación.

La información aportada por los padres no supone ningún descubrimiento para los niños, pues hace tiempo que su cuerpo conocía estos hechos. No obstante, el valor de los padres y su decisión de afrontar el tema tendrá indudablemente un efecto benéfico y liberador que durará mucho tiempo. Así mismo, al niño se le proporcionará un modelos, no con palabras, sino con el comportamiento: valor cívico y respeto por la verdad y por la dignidad del niño en lugar de violencia e incapacidad de controlar las emociones. Como todos los niños aprenden del comportamiento de los padres y no de sus palabras, una confesión de estas características sólo puede tener consecuencias positivas. Antes el niño estaba solo con un secreto que ahora ha sido articulado y forma parte ya de una relación basada en el respeto mutuo y no en el ejercicio del poder. Las heridas silenciadas hasta entonces podrán curarse, porque ya no están almacenadas en el inconsciente. Cuando estos niños –poseedores de mayor información- se conviertan en padres, ya no correrán el riesgo de repetir forzosamente el comportamiento, a veces tan brutal y perverso, de sus padres, pues las heridas reprimidas no los empujarán a ello. El arrepentimiento de los padres ha cancelado sus trágicas historias despojándolas de su peligrosa actividad. (…)

Un niño al que se le dice la verdad y se le educa a no tolerar la mentira y la brutalidad, se desarrollará libremente, como una planta cuyas raíces no serán devoradas por los gusanos (por las mentiras).

(…) Cuando el niño se da cuenta de que sus padres se interesan por cómo ha percibido sus agresiones, experimenta una gran sensación de alivio y de justicia. No se trata sólo de perdonar, sino de eliminar aquello secretos que separan a unos y a otros. Se trata de construir una nueva relación basada en la confianza mutua y en suprimir la sensación de aislamiento en la que hasta el momento se encontraba el niño maltratado.

Una vez que los padres hayan reconocido el daño causado se superarán muchos de los obstáculos que antes parecían insalvables, lo que equivale a un proceso de curación espontánea.

(…) El mejor momento para plantear una conversación con los propios hijos sobre las heridas provocadas sería probablemente entre los cuatro y los doce años, es decir, antes de la pubertad.

 

Autor: Ramón Soler

Foto: flickr shonna1968

Acerca del autor

Ramón Soler Ramón Soler - rsoler@mentelibre.es Psicólogo Colegiado Sanitario experto en Terapia Regresiva Reconstructiva, Hipnosis Clínica, Psicologia Pre y Perinatal, Psicología infantil y Psicología de la Mujer. Escritor, Divulgador y Conferenciante. En la actualidad pasa consulta Online para todo el mundo y Presencial en Málaga (España). Compagina esta labor con la de Codirector, Autor y Administrador de este Blog. Puedes visitar más sobre su trabajo como Psicólogo en : www.regresionesterapeuticas.com