Llegan las fiestas ¿qué le puedo regalar a mis hijos?

Llegan las fiestas ¿qué le puedo regalar a mis hijos?

“Un regalo no es más valioso por ser más caro, el valor  se lo da el cariño con el que el niño lo reciba y el uso que le vaya a dar”. Elena Mayorga

Se acercan las fiestas de cambio de estación, del invierno, de la Navidad, para cada uno de nosotros tienen un nombre y significados diferentes. Una vez más, todos, o casi todos, nos vamos a reunir en torno a mesas repletas de ricas y sabrosas viandas para celebrar que el ciclo de las estaciones, de nuevo, está llegando a su fin. También, éstas son fechas en las que, por tradición, todos solemos ofrecer algún presente a nuestros hijos.

Un acto que, en sí, no tenía nada de pernicioso y que antaño servía para que los niños tuvieran, por lo menos, un juguete al año, una chuchería especial (un poco de turrón, un mantecado, un pestiño, etc.) y una comida más abundante de lo habitual, ha acabado convirtiéndose en una frenética competición social en la que el despilfarro y los excesos están a la orden del día. Los presupuestos que manejan las familias, a pesar de la carestía generalizada, suelen ser de vértigo y, algunas, llegan hasta a endeudarse por ofrecerle a sus hijos una cantidad de juguetes desmesurada.

Como padres, nosotros podemos ponerle límites a este derroche. Por un lado, por el bien de la salud mental de nuestros hijos, asumir tal abundancia de juguetes y posesiones en tan corto lapso de tiempo es tarea imposible para su cerebro (lo sería también para el nuestro). Por otro, porque si queremos dejarles a nuestros hijos una sociedad más justa y equitativa, tenemos que mostrarles que ningún exceso, y menos el consumista, es bueno. Además, no debemos dejar de lado el hecho del despilfarro de recursos naturales, y el consiguiente impacto para nuestro plantea, que tiene tanta utilización de envoltorios, plásticos, cajas, etc. De hecho, los niños son conscientes de que no necesitan tantos juguetes. Según un estudio, el 45% de los escolares españoles cree que tienen más juguetes, libros y ropa de los que realmente necesitan.

Puesto que los niños, de alguna manera, debido a la borrachera de regalos que reciben y el exceso de posesiones que tienen, pierden en poco tiempo la ilusión por las fiestas y los juguetes, os vamos a proponer unas cuantas ideas para que le ofrezcamos a nuestros hijos una felices y no excesivamente consumistas navidades, en las que el fin sea disfrutar en familia de unos días preñados de alegría, risas, cantos y armonía familiar:

 

  • ¿Papá Noel? ¿Reyes Magos? ¿Olentzero? ¿Hadas? ¿Los padres? ¿Tradiciones creadas por la familia?  Cada familia tiene sus propias costumbres. L@s niñ@s siempre van a ilusionarse, disfrutar de las fechas especiales, de estar con la familia, de los preparativos, de los regalos. Cada familia encuentra su forma especial de celebrar las fiestas y no es ni mejor o peor que la de los otros, simplemente, es diferente. Alrededor de l@s niñ@s siempre hay magia, alegría, ilusión, disfrute, independientemente de las tradiciones que existan en su familia, independientemente de que los regalos lo traigan seres fantásticos o los padres.
  • Antes de las fiestas es importante que le expliquemos a los niños que el número de regalos va a ser limitado, aunque ellos crean que se los traen Papa Noel, Los Reyes, etc., es conveniente que desde pequeños les  hablemos del valor del dinero, del trabajo que cuesta ganarlo, de cómo lo importante no es lo material, sino disfrutar de las fiestas en familia, estar sanos, ser felices, y reírse mucho con los amigos. Debemos fijar el número de regalos que queremos ofrecerles (o que les van a ofrecer Papa Noel, los Reyes, etc). ¿Tal vez uno de parte de los padres y otro de parte de la familia?
  • Si estáis separados, y es factible, una buena idea es ponerse de acuerdo con la expareja y regalarle algo en conjunto como padres, es interesante porque refuerza la idea de que siempre seremos sus padres, aunque ya no estemos juntos como pareja, y además, también evita que se compita por el cariño del niño desde lo material.
  • Al resto de la familia: abuelos, tíos, etc. Se le puede ofrecer la posibilidad de que compren un buen regalo entre todos. De esta forma el niño recibirá algo comunitario, un regalo cooperativo (no habrá competición a ver quién le regala lo más caro y más bonito) y, además, no tendrá el efecto desestabilizador de recibir de golpe entre seis y diez regalos (la media por hogar y niños en España).
  •  Una buena idea es comprarle, como regalo único de la familia, a todos los primos, hermanos, los niños que forman nuestra tribu, un regalo comunitario que cuiden entre todos y lo disfruten juntos: un tobogán, un columpio, una cama elástica, una colección de libros, disfraces, una salida un fin de semana a un entorno rural …
  • No dejes que los niños vean los anuncios de juguetes. Si lo hacen, contempladlos juntos, con espíritu crítico, y comentadles que el juguete que están viendo en la tele, no es igual en la realidad. Les podéis explicar que un anuncio es una película cuyo fin es convencerles para que compren el producto. Es muy importante que ellos mismos vayan elaborando su propio criterio y que no se dejen manipular por música atractiva, historias, formas y colores bonitos. Muchas veces la decepción entre el juguete que vieron en la tele y la realidad, es enorme para ellos.
  • Reducir, reutilizar, reciclar. Si existe la posibilidad, podemos fabricar nuestros propios juguetes reciclando y reutilizando materiales que ya tengamos en casa. De esta forma lograremos reducir nuestro impacto. Podemos regalarles un cuento, una pintura, una fotografía, un vídeo, una obra de teatro representada por todos, una canción, un juguete tradicional realizado con telas, maderas o cartón.
  • Si es posible, comprad los regalos en tiendas de comercio justo, pequeño comercio o de artesanía local.
  • No esperéis a última hora para comprar los regalos, porque al final se acaba comprando cualquier cosa y el gasto es excesivo. Resulta fundamental para que no se nos dispare el desembolso de dinero, fijar un presupuesto coherente. Un regalo no es más valioso por ser más caro, el valor se lo da el cariño con el que el niño lo reciba y el uso que le vaya a dar.
  • No regalemos para compensar los juguetes que nunca tuvimos, aquello que siempre deseamos para nosotros. Los gustos de nuestros hijos son diferentes a los nuestros, y sus preferencias, otras. Es importante que respetemos sus elecciones y les ofrezcamos aquello que nos han pedido porque les apetece de verdad tenerlo. Si son muy pequeños y todavía no expresan claramente sus preferencias, podemos buscar aquello que sepamos que les va a gustar.
  • Procuremos que el juguete sea acorde a su edad, cuidado con las etiquetas porque no suelen corresponder a la edad real de disfrute del juguete del niño. Muchas veces ponen edades de juego demasiado tempranas, por lo que son juguetes excesivamente complicados para niños muy pequeños. Cada juguete tiene su momento y su edad, si se los damos antes de tiempo a nuestros hijos, no le prestarán atención hasta que su cerebro no esté preparado para ellos. Existen muchos estudios sobre este tema, si tenéis dudas, os recomendamos el blog “Jugando en familia” escrito por dos buenas amigas, expertas en juego infantil, que pueden asesoraros sobre la idoneidad de los juguetes.
  • No compensar sus carencias con regalos: acompañadles, jugad con ellos, pasad más tiempo juntos, los niños no precisan regalos materiales, nos necesitan a nosotros (nuestros mimos, besos, abrazos, apoyo, sostén emocional).
  • No hace falta que los regalos vayan envueltos varias veces. Puesto que los juguetes que compramos suelen ir en cajas, no envolvamos los paquetes con papel (cuya materia prima son árboles). Si le hemos fabricado nosotros el regalo y queremos que sea una sorpresa, podemos buscar y utilizar alguna caja que tengamos ya en casa y decorarla de forma bonita y divertida (una caja de zapatos, una revista, un periódico, incluso una olla vieja decorada puede servir como sorprendente cofre en el que encontrar su nuevo tesoro). Si el regalo es de gran tamaño, el impacto al verlo va a ser tan grande que no necesitan, ni desenvolver la sorpresa. Si queremos decorarlo un poco podemos hacerle un lazo con algún trozo de tela que tengamos por casa, o esconderlo tras una sábana, una toalla, una cortina …
  • Regalémosles, y regalémonos, tiempo en familia para estar con nuestros hijos, ver lo maravillosos que son, conozcámosles a fondo, disfrutemos juntos de las fiestas. Actividades como decorar la casa, poner la mesa, preparar adornos entre todos, cocinar las comidas especiales, pasear todos juntos, hacer una salida al campo, visitar a familiares entrañables y a amigos verdaderos. Hagamos de las fiestas un tiempo de unión, dejemos de lados el trabajo y las preocupaciones y volquémonos en nuestros hijos y parejas.

 

Llegadas las fiestas es importante que nos erijamos en defensores de nuestros hijos, no dejemos que convenciones sociales y preguntas absurdas les incomoden:

  • Antes de las navidades podéis comentarles que  algunos adultos les van a preguntar si han sido buenos y obedientes, para luego decirles que si no lo han sido, en las fiestas les traerán carbón.  Explicadles  que los regalos no se ofrecen por haber sido bueno o malos, que eso es un chantaje muy feo para manipular a los niños y que lo del carbón es una broma de mal gusto. No dejemos que les coarten, amenacen o chantajeen. Os dejamos aquí una entrada muy esclarecedora que escribimos hace tiempo sobre este tema, “Enterrar el alma de los niños”
  • En las cenas familiares, no debemos obligar a los niños a comer lo que no les gusta, si no les apetece nada (hay que comprenderles, los guisos y comidas navideños suelen ser sabores demasiado complejos aún para ellos) y os piden, por ejemplo, pasta con tomate, dadle eso, es lo que a ellos les encanta y es su comida extraordinaria, aunque la tomen con frecuencia. Son sus gustos, no los nuestros.
  • Procurad que no tomen dulces en exceso. Desde luego, para ellos es importante y deben disfrutar de un buen trozo de turrón o de un sabroso mantecado, pero no dejemos que los tomen sin freno. Tenemos que ser conscientes de que un exceso de azúcar no es bueno ni para su cuerpo, ni para su mente. Si consumen demasiada azúcar, al final, se ponen demasiado nerviosos, se alteran y acaban no disfrutando de la comida familiar y pasando un mal rato.
  • En las grandes reuniones familiares, si acudís a alguna, implicaos en los juegos de los niños, que no sean las típicas comidas de los adultos por un lado y los niños por otro. Desde luego que habrá tiempo para estar con unos y con otros, pero es importante que los niños comprendan que forman parte del grupo, que entre todos formamos una comunidad (si siempre están jugando solos no podrán interiorizar esta idea). Podemos hacer muchas cosas juntos adultos y niños: cantar, bailar, jugar, preparar las comidas, divertirnos con un teatro que escribamos entre todos …
  • Si cuando vamos a casas de familiares o amigos lo pasamos mal, existe mucha tensión y no disfrutamos de las fiestas, existe un fantástico remedio para evitar estos malos ratos. ¡No ir! Ni nuestros hijos, ni nosotros tenemos que pasar por esos nefastos momentos. Podemos quedarnos en casa y disfrutar de unas magníficas fiestas sin necesidad de volver a pasar por las típicas peleas angustiosas de todos los años. Para leer más sobre el tema os recomendamos este artículo, Navidad: Encuentros y desencuentros.
  • Podemos hablar con nuestros hijos para que ellos regalen cosas a su vez, sin necesidad de comprar nada. La idea es que entre todos, recopilemos una serie de juguetes, ropas y enseres que ya no utilicemos y se los ofrezcamos a otras personas para que los disfruten a su vez.

 

Texto: Elena Mayorga

Foto: flickr –

Acerca del autor

Elena Mayorga Elena Mayorga - emayorga@mentelibre.es Licenciada en Filosofía y Letras. Madre, Escritora, Pensadora y Divulgadora. Escribo principalmente sobre Crianza Respetuosa, Procesos Emocionales de la Mujer, Maternidad y Autoconocimiento . Autora de literatura infantil Respetuosa. Bloguera.