¿Dónde están nuestros niñas/os?

¿Dónde están nuestros niñas/os?

Todos los meses de septiembre se produce en nuestros pueblos y ciudades un fenómeno desconcertante. Nuestros niñas/os, nuestros bebés, desaparecen de las calles. Los parques, las playas, las plazas se vacían, no se escuchan risas, no se ven carreras y juegos, no se pueden observar pequeños exploradores estudiando una hoja, una piedra, un bichito volando. Nuestros pueblos, nuestras ciudades se preñan de desesperanza volviéndose su atmósfera, adusta, pesada y triste.

¿Dónde van nuestros niños, nuestros bebés? ¿Por qué nuestro entorno se vuelve aburrido, obtuso y gris?

Una amiga me contestó a esta pregunta el otro día. No es la respuesta que queréis leer, es una verdad incómoda, inquietante, que a muchos os hará enfadar. La verdad duele.

Nuestros bebés, nuestros hijos, son institucionalizados. Nuestros hijos, no desaparecen, les encerramos. Por diversas causas, por nuestras circunstancias personales, sean cuales sean, todas respetables, le entregamos a nuestros hijos al estado, a las instituciones privadas. Delegamos, cedemos, entramos e introducimos a nuestros hijos en Su sistema.

Me pregunto, si es Su sistema y nosotros somos los ciudadanos, ¿por qué no cambiarlo a Nuestro Sistema?

Podemos unirnos y pensar, entre todos, cómo conseguir devolver, el resto del año, a las calles, la luz infantil, los juegos, las sonrisas, los descubrimientos y la creatividad.

Las calles, las plazas, los mercados, la realidad de la cotidianidad, aportan infinitamente más información útil y directa para las vidas de nuestros hijos que el rellenar fichas o el repetir, sin equivocarse, una información que les han transmitido de forma jerarquizada, categórica y sin posibilidad de rebatir o experimentar. Se aprende, se comprende, jugando, manipulando, investigando, pensando, midiendo, construyendo, actuando, interviniendo en tu vida, no repitiendo sin más. Aunque suene obvio, se vive, viviendo, no reproduciendo.

Me vuelvo a preguntar ¿Por qué tienen que pasarse el día encerrados nuestros pequeños?

Me diréis que por las tardes se ve algún niño. Los contemplo y les observo nerviosos, estresados, competitivos, desfogando entre ellos toda la tensión acumulada durante horas en la escuela y en las actividades extraescolares que les retienen sentados, mudos, acorralados durante horas. ¿Por qué las llamarán extraescolares si son una prolongación del encierro?

Unámonos, cambiemos el sistema, no admitamos que ellos decidan por nosotros, no les demos nuestro Poder, no deleguemos nuestra Maternidad, nuestra Paternidad. Hagamos de las escuelas lugares de crecimiento, de encuentro de padres, hijos y educadores, de creatividad, de vida, de risas, de juegos, de movimiento, de colores. Saquemos a los bebés, a los niños a la calle. Apoyemos a los padres que desean experimentar vías diferentes, como la educación en casa o las pedagogías alternativas verdaderamente respetuosas. Todo nos enriquece.

Cambiemos los horarios, busquemos soluciones creativas para poder pasar más horas con nuestros hijos. Transformemos el sistema abandonando los premios, los castigos, el adoctrinamiento atroz y desmedido. No dejemos que separen a nuestros múltiples, demandemos que se les devuelva la voz a todos esos magníficos docentes que quieren hacer de la enseñanza algo vivo, enriquecedor para todos. Quedémonos con nuestros hijos pequeños todo el tiempo que sea necesario hasta que hayan tomado a su maestra como figura de apego seguro. No escolaricemos mientras podamos. Demandemos un trato cariñoso y respetuoso hacia nuestros hijos. Resulta inadmisible que cualquier persona se permita gritarles, castigarles, asustarles y reprimirles.

No, no queremos un sistema que vuelva a nuestros hijos sumisos y obedientes, necesitamos un lugar de encuentro en el que se les ayude a formarse intelectualmente, en el que se les acompañe, desde el respeto, en su crecimiento. Queremos niños asertivos, saludables, creativos, exploradores y, sobre todo, felices.

El sistema, lo leemos cada día, ha fracasado estrepitosamente. El paro, las desigualdades se han instalado por doquier. ¿Para qué seguir contribuyendo con lo más preciado que tenemos, nuestros hijos, a este sistema desequilibrado, represivo e injusto?

Cambiemos la crianza de nuestros hijos, transformemos su educación y la rueda del mundo girará. Se puede hacer, podemos empezar alzando nuestra voz unida contra todo aquello que nos parece injusto.

En nuestras manos está el cambio, desde dentro del sistema, desde fuera, desde donde te encuentres, tu pequeño gesto, unido a miles de otras personas, puede funcionar. Adelante, demos un primer paso ¿cuál será el tuyo?

Texto: Elena Mayorga

Foto: Simon Waters

Acerca del autor

Elena Mayorga Elena Mayorga - emayorga@mentelibre.es Licenciada en Filosofía y Letras. Madre, Escritora, Pensadora y Divulgadora. Escribo principalmente sobre Crianza Respetuosa, Procesos Emocionales de la Mujer, Maternidad y Autoconocimiento . Autora de literatura infantil Respetuosa. Bloguera.