Invictus: Una película terapéutica

Invictus: Una película terapéutica

Ir al cine, ver una buena película, concentrarse en ella y, sobretodo, disfrutar de la narración puede convertirse, en sí mismo, en un acto terapéutico. Durante las dos horas que suele durar la película, te evades de tus problemas, te abstraes de tu realidad y te conviertes en parte de la historia que está transcurriendo delante de tus ojos.

Muchas personas tal vez ya lo saben, pero para otras, me gustaría aclarar que cuando leemos, contemplamos un cuadro, escuchamos música o vemos una película, entramos en un estado hipnótico y por eso, nuestro cerebro y nuestro cuerpo, reaccionan ante los estímulos que nos transmitan estos medios de expresión artística.

¿Cómo reaccionan nuestro cuerpo y nuestro cerebro? Sencillo, lo hacen de forma emocional (alegría, tristeza, dicha, gozo, pena, miedo, etc.) y esto se traduce en  respuestas fisiológicas (risa, llanto, sobresalto, posición de alerta, movimientos, etc.) y del sistema endocrino (hormonas como la adrenalina-estrés-, serotonina-alegría-, etc.). Es decir, que ver una película, escuchar música, leer o contemplar un cuadro, producen emociones que en nuestro cerebro se graban como reales y de ahí, su efecto terapéutico inmediato. Se ha estudiado que cuando imaginamos un objeto, se activan exactamente las mismas zonas de nuestro cerebro que cuando lo estamos viendo realmente, es decir, nuestro cerebro no diferencia entre lo real y lo imaginado. No es que lo vivamos como si fuera real, es que es real.

Desde luego, el efecto sólo dura un rato y su efecto positivo no vas más allá de unos minutos o, a lo sumo, unas horas. No obstante, algunas veces, una historia puede a llegar a impactarnos tanto que logra producirnos una verdadera catarsis y, tras leerla o verla, introducimos cambios en nuestras vidas. En estos casos, la historia actúa como reflejo del verdadero yo, como eco de lo que en realidad somos, pero que las circunstancias de la vida nos ha ido escondiendo tras capas de obligaciones, conductas aprendidas, imposiciones, etc. Liberarse de todas estas máscaras y recuperar al verdadero yo será el trabajo a realizar tras este “despertar”.

Todo esto os lo cuento porque esta semana he tenido la suerte de ver  una gran película: “Invictus”, dirigida por Clint Eastwood e interpretada por Morgan Freeman. En ella, se nos narra una anécdota protagonizada por el político Sudafricano Nelson Mandela: tras casi treinta años pasados en la cárcel por luchar contra el régimen racista del Apartheid, llega a convertirse en el primer presidente negro de su país. Sin embargo, Mandela se encuentra con un país altamente segregado, donde la desconfianza entre negros y blancos es enorme, casi insuperable. ¿Cómo lograr un país unido, una cohesión entre negros y blancos? Mandela encontró la solución. La floja selección Sudafricana de rugby, debía ganar el mundial que iba a celebrarse, precisamente en su país. Unir a todos bajo el mismo himno, bajo la misma bandera y siguiendo a un mismo equipo (en tiempos símbolo de la represión de los blancos contra los negros) iba a suponer el primer paso del largo y arduo camino a recorrer por el pueblo sudafricano.

Independientemente de la anécdota en sí, no os cuento el final, os recomiendo ver esta película por varias razones de peso.

La primera, para conocer de forma más profunda, una figura tan importante para nuestro tiempo como la de Nelson Mandela. Creo que no exagero si digo que la catadura y la labor de Mandela puede, sin lugar a dudas, compararse a la de otras figuras como Gandhi, Vicente Ferrer o el actual Dalai Lama. Son éstas, personas que, aunque evidentemente todas tienen sus sombras, no lo olvidemos, somos humanos, han dado a la humanidad una lección de generosidad, pundonor, fuerza, valor, convicción y tesón. Además, y este es un rasgo muy interesante a la par que de profunda importancia, son personas que a pesar de vidas muy difíciles (no olvidemos que Mandela pasó casi treinta años en la cárcel en condiciones penosas), superan sus traumas personales y lo hacen, en pos del bien de toda la comunidad. Prima, pues, el bien común frente al bien del individuo.

Según dicen antropólogos y biólogos, este altruismo denota un marcado rasgo de evolución. La especie humana se hace fuerte y evoluciona por la cohesión entre individuos. La especie humana se debilita y puede estar en peligro si se dan demasiados elementos individualistas en ella.

Creo que muchos políticos actuales podrían estudiar un poco más la historia de individuos como Mandela y buscar estrategias por el bien común de los ciudadanos y no sólo por intereses económicos, partidismo o de ideología. El  fracaso de la cumbre de Copenhague o el actual clima de tensión en nuestro propio país son ejemplos bien sangrantes de a lo que puede llevarnos el “Homo Politicus” egoísta. Mandela, un hombre extremadamente inteligente, tendió puentes entre blancos y negros, entre opresores y oprimidos, por el bien común y logro que se superaran muchos rencores y agravios. Altruismo frente a egoísmo, flexibilidad mental frente a cerrazón, evolución frente a involución.

La segunda razón por la que me gustó esta película es porque en ella descubrí un poema asombroso que, en cuanto lo oí, me recordó inmediatamente el espíritu de mis pacientes y de todas aquellas personas que deciden superar los obstáculos y realizan un trabajo profundo con ellos mismos en pos de su libertad mental. Romper con la inercia y las pautas negativas instaladas en nuestras vidas demuestra un gran ejercicio de valentía y de flexibilidad mental. También, una compleja labor de constancia y fortaleza. El poema, al que hace referencia el título de la película, “Invictus” (Invencible), escrito por el poeta inglés William Ernest Henley en 1875, le sirvió a Mandela como estímulo e inspiración Mandela como estímulo e inspiración para aguantar las penosas condiciones en las que vivió durante todos los duros años que duró su reclusión.

Deseo que os guste y os inspire.

Dedicado a todos vosotros, valientes buscadores de libertad.


 

 

INVICTUS

Desde la noche que sobre mi se cierne,

negra como su insondable abismo,

agradezco a los dioses si existen

por mi alma invicta.

Caído en las garras de la circunstancia

nadie me vio llorar ni pestañear.

Bajo los golpes del destino

mi cabeza ensangrentada sigue erguida.

Más allá de este lugar de lágrimas e ira

yacen los horrores de la sombra,

pero la amenaza de los años

me encuentra, y me encontrará, sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el camino,

cuán cargada de castigo la sentencia.

Soy el amo de mi destino;

soy el capitán de mi alma


 

INVICTUS (version Original)

Out of the night that covers me,

Black as the Pit from pole to pole,

I thank whatever gods may be

For my unconquerable soul. –

In the fell clutch of circumstance

I have not winced nor cried aloud.

Under the bludgeonings of chance

My head is bloody, but unbowed. –

Beyond this place of wrath and tears

Looms but the horror of the shade,

And yet the menace of the years

Finds, and shall find me, unafraid.

It matters not how strait the gate,

How charged with punishments the scroll,

I am the master of my fate;

I am the captain of my soul.


Autor Poema: William Ernest Henley (1849-1903)

Película web oficial: http://invictusmovie.warnerbros.com/

La Película está basada en la Novela “El factor humano” de John Carlin


Autora Artículo: Elena Mayorga

Foto: Flickr / Autor MastaBaba

Acerca del autor

Elena Mayorga Elena Mayorga - emayorga@mentelibre.es Licenciada en Filosofía y Letras. Madre, Escritora, Pensadora y Divulgadora. Escribo principalmente sobre Crianza Respetuosa, Procesos Emocionales de la Mujer, Maternidad y Autoconocimiento . Autora de literatura infantil Respetuosa. Bloguera.