Falsos mitos sobre la infancia (II): Timidez

Falsos mitos sobre la infancia (II): Timidez

Para seguir con la serie de “Falsos mitos sobre la infancia” hoy quiero abordar un “estigma” impuesto socialmente a muchos niños y niñas, fuente de gran ansiedad para ellos: el ser señalados como tímidos o vergonzosos.

Todos o casi todos, alguna vez, hemos oído, dicho o sido etiquetados, con el típico, tópico, de ¡qué tímido eres! Un niño o niña es nombrado y marcado como tímido por no ser extrovertido, por no querer saludar o hablar en público, por mostrar reticencias hacia los desconocidos o por rechazar dar muestras de cariño hacia determinadas personas, por lo general, hacia adultos con los que no tiene lazos de amistad o confianza.

En nuestra sociedad, ser un niño (y adulto) por naturaleza introvertido o reservado es algo inadecuado y está muy mal visto. Tal vez, por ser personas que van contra lo socialmente establecido en ritos y deberes a cumplir por todo el mundo. Tal vez, porque rompen con unas de las grandes imposiciones sociales de nuestra cultura, la de tener que mostrarse “adecuadamente” sociable y “amable” (digno de ser amado).

Estos pequeños al ser machacados, casi continuamente, por palabras que los descalifican, acaban creciendo con la idea de que por ser tal y como son, no son normales, les falla algo en su carácter y deben cambiar para que los adultos no piensen que “tienen algo malo” o que son raros. El hecho es que la presión continua que reciben estos niños desde la familia, la escuela, y la sociedad es tal que a lo largo de la niñez su autoestima (si no tienen el apoyo suficiente de sus padres) va disminuyendo y acaban interiorizando la idea de que realmente les ocurre algo anómalo.

No existen niños tímidos, sino introvertidos. Sin embargo, sí existen adultos tímidos, antiguos niños introvertidos que tras años de ser estigmatizados con la etiqueta de tímidos y/o vergonzosos, acaban adoptando ese papel. Antiguos niños introvertidos que pasan de ser silenciosos, introspectivos y observadores a sentirse, y con razón,  inseguros, temerosos en las reuniones sociales, desplazados, señalados y socialmente inadecuados.

Lejos de ser algo negativo, como socialmente se intenta mostrar, evolutivamente, no es nada descabellado ser precavido. Los niños son pequeños, no tienen tanta fuerza como los adultos, conocen menos la realidad de la vida y el no confiar en todo el mundo puede llegar a convertirse en algo fundamental para su supervivencia. Además, los niños y niñas introvertidos, son observadores, reflexivos, creativos, idean soluciones, aprenden con la experiencia, piensan, escuchan y además, sí que hablan y socializan, lo hacen, cuando realmente están seguros de que la persona de enfrente es digna de su confianza.

Si tenemos una hija o un hijo reservado, introvertido ¿cómo podemos actuar para que las etiquetas que les imponen no les afecten?

  • En primer lugar, nunca forzarles a hablar, saludar, besar a alguien que no desean. Ni siquiera a la abuela, al jefe o a al primo, a nadie. Si los demás se molestan porque tu hij@ no les besa o les saluda, es su problema, no el vuestro. Si fuerzas a tu hija a que bese a alguien o les salude, esto le hará sentirse mal, minará su autoestima y desestabilizará sus defensas protectoras frente a futuros ataques de personas peligrosas.
  • Tu hij@ necesita que tú no refuerces esas palabras que le estigmatizan dándole la razón a los demás. Nunca digas que es tímido o vergonzoso o le des la razón a algún comentario despectivo hacia él o ella. Recuerda, no lo es, es introvertido y no deseas que se convierta en un adulto tímido, inseguro y temeroso.
  • Tu hij@ necesita todo tu apoyo, toda tu comprensión. Necesita saber que no le pasa nada raro. Así que si alguien le dice que es tímido o vergonzoso, no le hagas caso o le dices algo así como: “no lo es, lo que pasa es que no te conoce o no tiene confianza contigo”.

A medida que van creciendo l@s niñ@s introvertidos, si se han visto apoyados y no se han notado señalados por sus padres, iréis comprobando como se integran perfectamente en la sociedad, tienen amigos, saludan a las personas que estiman, hablan en público, juegan con niños que no conocen de forma espontánea, etc. No se nace tímido, la sociedad te fuerza a serlo.

Texto: Elena Mayorga

Imagen: Flickr

Acerca del autor

Elena Mayorga Elena Mayorga - emayorga@mentelibre.es Licenciada en Filosofía y Letras. Madre, Escritora, Pensadora y Divulgadora. Escribo principalmente sobre Crianza Respetuosa, Procesos Emocionales de la Mujer, Maternidad y Autoconocimiento . Autora de literatura infantil Respetuosa. Bloguera.