Opinólogos callejeros

Opinólogos callejeros

Desde hace unos cuanto años, más o menos cinco y medio, cada vez que salgo a la calle se produce un fenómeno curioso, en cuanto me despisto, me asalta un/a opinólogo/a para espetarme lo mal que lo estoy haciendo como madre y para explicarme, con gran parsimonia y condescendencia, cómo debería criar a mi hija.

Ell@s, como buenos seguidores de la Tribu de los Opinólogos Callejeros, con sólo cinco segundos de observación, se han percatado de las graves carencias que está sufriendo mi niña y con gran valor y altruismo, se saltan, además de la convención de Ginebra, todo miramiento y respeto, para salvarme de mis espantosos errores y para guiarme, de nuevo, al redil.

De entre todas las frases bienintencionadas que he oído durante estos años he elaborado una pequeña selección, como se dice, para muestra, un botón.

  • Cuando Adriana era pequeña, por no llevar pendientes, obligatoriamente, tenía que ser un niño:

-“¡Qué Niño más guapo!”

-Es una niña.

-No puede ser, no lleva pendientes (al parecer para conocer el sexo de tu bebé, tienes que mirar si nace con o sin pendientes).

  • Málaga, Sur de Europa, temperaturas altas, calor, bebé sin zapatos, no los quiere y los pierde. Un bienintencionado abuelo con su nietecito:

-Mira, pobrecillo el niño (no lleva pendientes y no viste de rosa, ergo es varón) sus padres no tienen para zapatos (puede parecer mentira, pero me pasó de verdad).

  • Bebé colgada en su mochila: ¡¡Se te va a estropear la espalda por llevar ahí al bebé!! (estos son la rama de los Traumatólogos de los Opinólogos Callejeros, abundan mucho).

 

  • En el autobús, una señora entrada en años se dirige a Adriana que estaba mamando (¡¡oh!! ¡¡Con tres años!!):

-Eso tienes que dejarlo ya que si no, no vas a crecer, que ya no te sirve de nada y te quita el hambre.

A lo que contestó espontáneamente otra mujer:

De eso nada, la leche de Mamá es lo mejor del mundo, ¡¡lo mejor!!

 

  • La preocupación por la comida es uno de los modus operandi de los Opinólogos Callejeros. Adriana, 4 años, 13h, comiendo felizmente por la calle un Croissant de Mantequilla más grande que ella. Señora de gran corazón que se le acerca y le dice:

-Niña, no comas eso, que luego no te va a quedar sitio para la comida. (Ahí me reí de verdad, quien conoce Adriana sabe que ella es la niña de las estadísticas que come de todo y a todas horas. Su metabolismo quema todo lo que come en cuestión de minutos. Os diré que en las grandes fiestas, si cenamos fuera de casa y después de un banquetazo, al llegar a casa, me pide la cena.)

 

  • Adriana de cinco años y Mamá paseando por la calle por la mañana tan ricamente. Se acerca señor preocupado por la alfabetización de la niña.

-¿Esta niña no va al cole? No aún no.

-Pero tiene que ir al cole es obligatorio. No hasta los seis años no.

-Cuando vaya al cole va a ser la última de la clase, no sabrá hacer nada. (Suspiros, esto mismo con diferentes palabras me ha pasado “n” veces).

 

  • Adriana, hace pocos días, jugando feliz a escalar una mesa en un súper. Algo que le encanta y que hace con total seguridad (ella es muy observadora y hasta llegar a subirse y bajarse por primera vez de esa mesa, se pasó muchos días pensando y realizando pequeñas pruebas y ensayos). Se acerca anciano y le dice:

-Bájate de ahí que te vas a caer y te vas a hacer daño.

Y siguió:

-Si no te bajas, va a venir tu madre y te va a pegar.

 

Y hasta ahí llegó la conversación. Me acerqué, le dije, básicamente, que no pego a mi hija y que él no era quien para amenazarla y me marché, esta vez muy enfadada.

Cuando los consejos pasan por la falta de respeto hacia nuestros hijos y las amenazas, por más que sea el único lenguaje para usar con los niños que conocen esas personas y lo digan con la mejore de las intenciones, no debemos admitirlo. Una vez más, como explicaba Ramón Soler en su magnífico artículo, tenemos que defender a nuestros hijos de las agresiones y mostrarles que la violencia no es el camino a seguir.

El anciano del otro día, al igual que muchas personas a diario, traspasó todas las líneas y se inmiscuyó en nuestras vidas basándose en un único criterio, el suyo, que puede ser válido para él, pero que no debe sernos impuesto a los demás de forma autoritaria. Vivamos y dejemos vivir, dejemos vivir y vivamos, desde el respeto.

Las críticas, cuando son positivas y nos ayudan a crecer, nos pueden servir para auto cuestionarnos y cambiar patrones negativos, pero los juicios y las opiniones basadas en una visión sesgada de la vida, sólo nos encierran en cadenas de prejuicios, tabús y sometimientos.

En la crianza de nuestros hijos, todo el mundo se permite decirnos lo que debemos hacer con ellos y cómo debemos hacerlo. El cajero, la taxista, la suegra, el tío Benito, la panadera, el viejito callejero, la vecina del quinto, el enfermero, la pediatra … No me parece ni correcto, ni adecuado, ni respetuoso. Está muy bien y es muy necesario el oír e intercambiar experiencias de otras madres, de otros padres, de profesionales, de l@s abuel@s, etc. (los grupos de apoyo son una de nuestras grandes ayudas en la crianza), pero, no deben sernos impuestas ni sus formas, ni sus mecanismos particulares de resolver conflictos con sus hij@s. Esas herramientas, pudieron funcionar en su caso, pero no tienen porqué hacerlo en el nuestro y es más, algunos de esos mecanismos, como el de la violencia, no funcionan jamás, son inadmisibles y no deben ser utilizados bajo ninguna circunstancia. La violencia conlleva consecuencias negativas para toda la vida y yo no pienso violentar o agredir a mi hija porque un señor desconocido se permita amenazarla.

Para terminar este artículo con buen sabor de boca, he de decir que, sin embargo, al igual que he tenido estos encuentro, llamémosles, negativos, en estos cinco años y medio, también nos han pasado muchas anécdotas divertidas y curiosas. Muchas personas son muy amables y respetuosas con l@s niñ@s pequeñ@s, muchas te ayudan si te ven cargada, te ceden el sitio en el autobús o le regalan alguna cosilla a los pequeñ@s. Me quedo con estas personas, como la dulce ancianita que vive en su casita cerca de nosotros y que cuando nos ve pasar, saluda a Adriana y rebusca caramelos en sus bolsillos para dárselos, la cajera del Super que sale corriendo a saludar a Adriana en cuanto la ve o el amable bibliotecario del barrio que siempre tiene palabras cariñosas para mi niña y le cuenta anécdotas de su propia hija. De ellos Adriana y yo aprendemos muchos, a ser respetuosas, cariñosas con los demás, amables y gentiles.

Texto: Elena Mayorga

Imagen: Flickr

Acerca del autor

Elena Mayorga Elena Mayorga - emayorga@mentelibre.es Licenciada en Filosofía y Letras. Madre, Escritora, Pensadora y Divulgadora. Escribo principalmente sobre Crianza Respetuosa, Procesos Emocionales de la Mujer, Maternidad y Autoconocimiento . Autora de literatura infantil Respetuosa. Bloguera.