Criar sin artificios

Criar sin artificios

Cuando devenimos madres, padres, enfrentados al espejo que son nuestros hijos, nos percatamos de la enorme cantidad de máscaras y condicionamientos que todos nosotros arrastramos. Estas máscaras, estos condicionamientos, nos abruman, no sabemos cómo reaccionar ante los momentos de tensión. En nuestra infancia, en pocas familias existía lo que hoy en día llamamos crianza respetuosa, no tenemos referencias, modelos sanos por los que guiarnos y los viejos esquemas: gritos, castigos, autoritarismo, se presentan, oportunistas, como la solución rápida ante el más mínimo problema. Entonces, dentro de nosotros, que no deseamos perpetuar esos añejos modelos enfermizos, se establece un forcejeo entre la imagen de madres, padres, respetuosos-ideales que nos hemos creado y nuestra realidad de personas superadas por las circunstancias. Buscamos soluciones, referencias, nuevos modelos y, a veces, en esa indagación, nos creamos nuevas máscaras como por ejemplo la de la perfección o la de la persona imperturbable. Máscaras que, una vez más, nos alejan de mantener una sana relación con nuestros hijos.

Partiendo de la premisa de que buscamos una crianza respetuosa y hemos descartado relacionarnos con nuestros hijos a base de gritos, castigos, golpes, etc. (condicionamientos del pasado que nos impusieron comportamientos y máscaras que ya no nos sirven, que hemos desechado y estamos trabajando para liberarnos de ellos), las madres, los padres, tenemos que tomar consciencia de que somos personas reales, no seres perfectos.

Para sobrevivir, ya no necesitamos máscaras, como antaño, en nuestra niñez.

Para sentirnos vivos, visibilizados, reales, ya no necesitamos fingir ser quien no somos.

Desde luego, esto requiere un largo trabajo de introspección para conocernos a nosotros mismo, adquirir seguridad, tener una alta autoestima y una imagen de nosotros mismos realista y positiva.

Si estamos seguros de nosotros mismos, si conocemos nuestras debilidades, pero también todas nuestras fortalezas, podremos mostrarnos ante nuestros hijos tal y como realmente somos. También les transmitiremos una dimensión más profunda del amor y del respeto. El amor y el respeto por nosotros mismos, de los que estamos tan carentes en nuestra sociedad. Nuestros hijos comprenderán nuestras imperfecciones, también las suyas y además, aprenderán a amarnos y a amarse sin artificios, sin necesidad de fingir o de crearse máscaras o una imagen falsa para complacer, para encajar, para ser visibilizados, para ser amados.

Todos tenemos días malos, fabulosos, regulares. Todos tenemos fortalezas, debilidades, somos mejores en algunas cosas, peores en otras. Todos somos seres humanos y nuestras imperfecciones nos hacen reales. No es perjudicial que nuestros hijos vean que a veces estamos tristes, que también nos equivocamos, que nos fatigamos, que nos enfadamos, que buscamos soluciones para nuestros problemas, que nos esforzamos para que todos vivamos en el respeto, que a veces, las circunstancias nos abruman y tenemos que pedir ayuda a los demás.

No es negativo que nuestros hijos conozcan nuestras imperfecciones, nosotros también conocemos las suyas y les amamos en su conjunto, tal y como ellos pueden hacer con nosotros, si les damos la posibilidad de conocernos sin esas máscaras que arrastramos desde nuestras infancias y que nos impiden criarlos sin artificios.

Texto: Elena Mayorga

Imagen: Flickr

Acerca del autor

Elena Mayorga Elena Mayorga - emayorga@mentelibre.es Licenciada en Filosofía y Letras. Madre, Escritora, Pensadora y Divulgadora. Escribo principalmente sobre Crianza Respetuosa, Procesos Emocionales de la Mujer, Maternidad y Autoconocimiento . Autora de literatura infantil Respetuosa. Bloguera.