Meritene, esto es lo que pasa si forzamos a los niños a comer

Meritene, esto es lo que pasa si forzamos a los niños a comer

Estupefacción, indignación, son palabras suaves para describir lo que muchas personas sentimos, la semana pasada, al ver los anuncios de la nueva campaña de Meritene (un tipo de ColaCao de precio desorbitado que, supuestamente, es alimenticio).

En esta serie de anuncios, se nos muestra, sin recato y sin asomo de empatía o sensibilidad hacia la infancia, cómo unas madres fuerzan y presionan, hasta la extenuación, a sus hijos para que coman todos los alimentos que les han servido. Atónitos, en los diferentes anuncios, observamos, variadas versiones de los tan dañinos y perjudiciales: “cómetelo todo” o “hasta que no te lo comas, no te levantas de la mesa”. Para rematar el irrespetuoso mensaje de la campaña (basada en falsos supuestos sobre la alimentación infantil), cuando los niños obligados a comer protestan y les dicen a sus madres que son malas, el mensaje de la voz en off es “si tu hijo te dice que eres mala, es que eres muy buena”, aludiendo a la añeja pedagogía de “lo hago por tu propio bien” o “quien bien te quiere, te hará llorar”.

En este estupendo artículo, Juan Revenga, explica perfectamente el absurdo nutricional de este producto (una ración tiene más azúcar que una lata de Coca Cola) y la evidencia científica en contra de forzar a los niños a comer. Está sobradamente demostrado que forzar a los niños a comer se relaciona directamente con el desarrollo posterior de problemas asociados a la alimentación.

Personalmente, estos anuncios me dejan muy mal sabor de boca, porque no puedo evitar que acudan a mi mente los recuerdos de las innumerables personas que han venido a mi consulta por diferentes problemas relacionados con la alimentación.

Recuerdo a Álvaro un actor, acostumbrado a viajar por todo el mundo para participar en un gran número de eventos, que era incapaz de tomar comida sólida. Tenía que triturar todo lo que comía y el más mínimo resto de piel o de pulpa le hacía vomitar. Durante toda su vida había creído que éste era un problema suyo de nacimiento, pero cuando comenzamos a trabajar en su historia, descubrió el verdadero origen de su problema, cuando apenas tenía un año de edad y empezaba con la alimentación sólida, su madre, temiendo que su niño no se estuviera alimentando de forma adecuada, le forzaba a comer sentándolo en su regazo y metiéndole a la fuerza la cuchara en la boca. El niño amaba a su madre, por lo que su mente, incapaz de asumir que su ser amado le estuviera forzando y tratando mal, trabajó en una doble dirección, por un lado, escondió profundamente ese recuerdo; por otro, generó un rechazo irracional a todo tipo de alimento sólido.

También, recuerdo a Paula, una treintañera con problemas de alimentación y con episodios graves de anorexia durante toda su adolescencia. Su madre era muy similar a las madres que Meritene nos presenta en su anuncio, muy preocupada por que su hija estuviera bien alimentada. Siempre la presionaba, siempre la controlaba, nunca le dejaba margen para equivocarse. Finalmente, en la adolescencia, Paula se hizo fuerte en el único ámbito en el que su madre ya no la podía forzar, en la comida que entraba en su cuerpo. Dejó de comer, buscando escapar del control de su madre.

He querido comentar brevemente estos dos ejemplos para mostrar los dramáticos efectos que tienen a corto, medio y largo plazo, el forzar a los niños a comer, el no respetar sus gustos y sus ritmos.

Forzar a los niños a comer rompe su equilibrio natural, les separa paulatinamente de las señales de hambre/saciedad, gusto/desagrado, que su propio cuerpo reconoce de manera natural. Con el tiempo, la relación de los niños con la comida se verá afectada. Comer ya no será un momento de placer, sino un foco de tensión y ansiedad.

Obligar a los niños a comer bajo presión, bajo coacción, no es algo banal, conlleva consecuencias graves para su salud emocional y física, y evidentemente, no debería presentarse en televisión como un modelo sano de relación madre/hijo.

Por otra parte, no quiero dejar de comentar el inquietante lema bajo el que se publicita la campaña: “si tu hijo te dice que eres mala, es que eres muy buena”. No sólo le niegan en estos anuncios a los niños la capacidad de conocer su cuerpo, de decidir lo que les gusta comer, la cantidad que pueden ingerir, sino que, además, desean acallar sus sentimientos, negar su sufrimiento y su dolor. Si el niño se queja y le dice a su madre que no quiere, que es mala, la madre tiene que traducirlo por “sí, que tienes que comerlo, porque yo lo digo” y que, además, el obligarte la convierte en “buena” madre porque lo hago “por tu bien”, porque “te conozco mejor que tú a ti mismo”. Me parece no sólo un lema desacertado, sino que además, sienta un peligroso precedente al desposeer a los niños, no sólo del poder de decisión sobre su cuerpo y sus necesidades, sino también del conocimiento sobre lo que resulta perjudicial para ellos.

Frente a todas estas pedagogías coercitivas, adultocentristas que no creen en la capacidad de los niños para conocer su cuerpo y sus necesidades y les desposeen de su poder de decisión, preguntémonos ¿Qué es lo que realmente necesitan nuestros hijos?

En primer lugar, Confianza:

Mamás, Papás, Confíad en vuestro hijo; seguro que su cuerpo le pide lo que necesita en cada momento para crecer sano.

En segundo lugar, que les mostremos con nuestro ejemplo lo que significa una alimentación sana y variada. Si a ti te ven comer mal, ellos comerán mal. Si a ti te ven comer deprisa, ellos comerán deprisa. Si a ti te ven disfrutar de la comida, disfrutarán de ella.

Los niños también precisan que los adultos seamos flexibles. Nuestros hijos no necesitan comer grandes cantidades, ni de todo en todo momento. Ellos pasan por etapas en las que prefieren más un alimento que otro. Una semana puede apetecerle tomar pasta con tomate y a la semana siguiente puede querer, casi en exclusividad, manzanas y mandarinas.

Por otra parte, no olvidemos que cada persona muestra preferencias por ciertos alimentos y rechaza otros. No todos comemos de todo, respetemos la libertad de elección de nuestros hijos, eso sí, siempre ofreciéndoles una variedad de comidas sanas y equilibradas.

Si deseas conocer un poco más sobre nuestra postura en referencia a la alimentación de los niños, hace unos años, publicamos en este blog un excelente artículo de Elena Mayorga en el que reflexiona sobre la alimentación de los niños, la autorregulación y el respeto.

Texto: Ramón Soler

Imagen: flikr

Acerca del autor

Ramón Soler Ramón Soler - rsoler@mentelibre.es Psicólogo Colegiado Sanitario experto en Terapia Regresiva Reconstructiva, Hipnosis Clínica, Psicologia Pre y Perinatal, Psicología infantil y Psicología de la Mujer. Escritor, Divulgador y Conferenciante. En la actualidad pasa consulta Online para todo el mundo y Presencial en Málaga (España). Compagina esta labor con la de Codirector, Autor y Administrador de este Blog. Puedes visitar más sobre su trabajo como Psicólogo en : www.regresionesterapeuticas.com