¿Por qué tantas personas justifican los castigos?

¿Por qué tantas personas justifican los castigos?

“De pequeños, de niños, al principio, cuando los castigos comenzaron, vosotros todavía erais conscientes de que estabais recibiendo un trato injusto. Cuando os pegaron las primeras veces, llorasteis de dolor e impotencia al sentir la crueldad y la dureza del trato que estabais recibiendo de vuestros seres más queridos y amados, personas en las que confiabais ciegamente. En aquella época, os revolvisteis, os sentisteis abusados, traicionados, sabíais que no os estaban tratando de forma adecuada. Sabíais que los castigos, de cualquier tipo, no eran correctos.

Con el paso del tiempo, tras ser reiteradamente castigados, acabasteis por claudicar y vuestra joven mente infantil, necesitada de apego, apoyo y protección por parte de los adultos, buscó un subterfugio para poder asimilar la cruda realidad que suponía que las personas en las que confiabais ciegamente os estaban traicionando tratándoos de aquella forma cruel. Vuestra mente, trabajó de forma eficaz, para protegeros de la Verdad del abuso recibido. Así, en lo más recóndito de vuestro ser, escondió la realidad de los sucesos y os brindó una serie de excusas para justificar los malos tratos recibidos: “Me castigan porque me lo merezco. Me pegan por mi bien. Me quitan privilegios porque no soy digno de confianza. No soy digno de ser amado, etc”.

Hoy en día, a pesar del tiempo transcurrido desde nuestras infancias, si no ponemos remedio y nos liberamos de él, este mecanismo de auto-engaño y justificación sigue funcionando. Un ejemplo que nos lo muestra claramente es cómo, con frecuencia, se dan, en los medios públicos, debates en los que un alarmante número de adultos (algunos profesionales del entorno de la infancia como médicos, psicólogos, maestros, jueces, etc.) justifican ciegamente el castigo, incluido el físico, como herramienta pedagógica en la crianza y educación de los niños.

Sin embargo, estos adultos, pequeños niños castigados y abusados en su infancia, en realidad, lo que están haciendo con su feroz defensa de todo tipo de castigos, no es loar las bondades educativas y pedagógicas de éstos, en realidad, lo que nos están mostrando, es la necesidad que aún sienten de seguir justificando a sus padres, a sus abuelos, a sus maestros, a aquellos adultos que les trataron mal cuando lo que tenían que haber hecho es haberles amado, protegido, acompañado de forma madura, serena y comprensiva.

Cuando una persona justifica ciegamente los castigos, sin ver la cruel realidad que suponen, no nos está hablando desde la madurez de la adultez, sino desde el dolor de su propia infancia…”

Extracto del PDF “15 beneficios de dejar de usar los premios y los castigos” que forma parte del material del Taller On-line “Criar sin premios ni castigos”.

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Foto: flickr 

Acerca del autor

Equipo Editorial Ramón Soler y Elena Mayorga, directores de la Revista Mente Libre. Puedes contactar con nosotros en info@mentelibre.es