El latido de la Madre

El latido de la Madre

En los albores del tiempo, sólo moraban el planeta cuatro dioses: Agua, Viento, Tierra y Fuego.
El caos lo inundaba todo y los tiempos de los dioses se sucedían sólo bajo la única continuidad de los días y las noches, del sol y de la luna.
Pasados muchos eones, Tierra empezó a sentirse extraña. No sabía lo que le sucedía, pero en su interior sentía un latido pequeño, muy pequeño, pero que día a día, noche a noche se iba haciendo más y más intenso.
Como no sabía lo que le acaecía, llamó a Viento y le preguntó si él sabía lo que esa rara sensación significaba.
Viento desconocía la respuesta, pero como era un dios cariñoso al que le encantaba abrazar y acompañar a Tierra, decidió ir a buscar a Agua para preguntarle.
Agua también ignoraba la respuesta, pero como era una amiga amorosa a la que le encantaba inundar de besos a Tierra, decidió ir a buscar a Fuego para preguntarle.
Fuego, que era el mayor y el que más sabía de vida y caos, les dijo a los otros tres dioses que debían reunirse a pensar pues desconocía la respuesta.
Así pues, Tierra, Viento, Agua y Fuego se reunieron en la casa de la primera.
Tras mucho cavilar, uno a uno fueron dando por turno la respuesta que habían encontrado al latido de Tierra.
Primero lo hizo Viento. Durante nueve meses oreó y habló, habló y oreó alrededor de Tierra.
En segundo lugar, le tocó el turno a Agua. Durante esos mismos nueve meses manó y habló, habló y manó alrededor de Tierra.
Después fue el turno de Fuego. Durante esos mismos nueve meses templó y habló, habló y templó alrededor de Tierra.
Tras esos nueve meses, el pequeño latido de Tierra había ido transformándose poco a poco en un sonido fuerte y en un pulso constante que atravesaba de lado a lado el planeta. De Este a Oeste, de Norte a Sur se podía oír aquel golpeteo sin parangón. De Norte a Sur, de Este a Oeste se podía sentir las vibraciones que recorrían el cuerpo de Tierra.
Era el turno de Tierra, a ella le tocaba hablar. Había reflexionado mucho durante todos los meses que había estado escuchando a sus amigos. Había sentido mucho durante todos los meses que había notado como crecía el latido y el movimiento dentro de ella. Sabía lo que ocurría. También era consciente de que todo estaba cambiando en el planeta.
Tierra se dirigió a los otros dioses y así les habló:
-“Querido Viento, durante nueve meses me hablaste con cariño y me abrazaste amorosamente con tu fuerza.
-Querida Agua, durante esos mismos nueve meses me cuidaste con amor y me inundaste con tus caricias.
-Querido fuego, durante esos mismos nueve meses compartiste conmigo tu calidez y me llenaste con tu ternura.
-Amigos, durante nueve meses compartimos los cuatro nuestro amor, nuestra amistad y mezclamos nuestras savias con generosidad y sin rencores, oposición, envidias o crueldad.
De nuestros dones nacerá la vida. Nuestra unión poblará el planeta. Nuestra generosidad me preñó y preñará a todos los futuros habitantes de este rincón del Universo. Soy Tierra, soy Madre.

Texto: Elena Mayorga
Foto: Flickr / Autor
Natecull

Acerca del autor

Elena Mayorga Elena Mayorga - emayorga@mentelibre.es Licenciada en Filosofía y Letras. Madre, Escritora, Pensadora y Divulgadora. Escribo principalmente sobre Crianza Respetuosa, Procesos Emocionales de la Mujer, Maternidad y Autoconocimiento . Autora de literatura infantil Respetuosa. Bloguera.