Bebés y métodos conductistas de aprendizaje (I): la semilla de la violencia

Bebés y métodos conductistas de aprendizaje (I): la semilla de la violencia

Art. 9 de la Declaración de los Derechos del Niño: ”El niño debe ser protegido contra toda forma de abandono, maltrato y explotación.

Me había propuesto dejar por unas semanas el tema de la violencia y la influencia del maltrato infantil en la vida adulta para hablar de otras cuestiones y no hacerme muy pesado, pero, como he constatado que constantemente aparecen noticias que me parecen de lo más alarmantes sobre el mismo asunto, me resulta inevitable volver sobre él.

Descubrí hace unos días un vídeo del programa “Bringing up Baby” del canal británico Channel 4, protagonizado por la Supernanny inglesa Claire Verity. El programa fue retirado hace tiempo ante las críticas recibidas por el maltrato que sufrían los bebés y además, porque se descubrió que la supuesta “experta” era una estafadora que no tenía ni la formación ni la experiencia que decía. No he conseguido averiguar cuál de los dos motivos fue el decisivo para eliminar el programa de la parrilla televisiva. Que retiraran el programa no significa que el problema sobre ese tipo de educación haya desaparecido. Por desgracia, aún es muy frecuente escuchar y leer comentarios parecidos a los de esta señora en consultas de profesionales (pedagogos, pediatras, psicólogos, etc…).

Hoy en día, toda la evidencia científica ha demostrado sobradamente la necesidad del contacto físico y de la lactancia materna a demanda (entre otras cosas) para el óptimo desarrollo físico y emocional de los bebés.
Pero, antes de seguir con el artículo, me gustaría que visionarais el vídeo, si podéis.

Para los que no hayáis aguantado hasta el final del vídeo, os resumo algunas de las premisas de la Sra. Verity:
“Os garantizo que mi método pondrá vuestra vida en orden a las 24 horas de haber tenido un bebé”.
“Claire cree que los bebés son manipuladores y que dominarán nuestras vidas si no les dejamos claro, desde el principio, quien manda”.
“En cuanto se acueste a las 7h., le cierras la puerta y no se abre hasta las 7h de la mañana”.
“La mayoría de las veces que un bebé llora es porque está cansado o busca atención. En ambos casos, hay que ignorarlo”. “A este bebé no le pasa nada (el bebé llora), sólo busca atención”.
Nada de contacto visual ni corporal al darles el biberón. Sólo se puede coger en brazos 10 minutos.

La experta garantiza que “en tres meses, mis bebés duermen toda la noche, comen cada cuatro horas y son unos bebés felices y contentos”. Esta frase encierra en sí misma, una sutil técnica de manipulación conocida por políticos y publicistas que consiste en decir una mentira después de dos o tres verdades, por lo que asumimos como cierta la última afirmación, por muy irreal que sea. Volvamos sobre la frase de y leámosla con atención: “en tres meses, mis bebés duermen toda la noche, comen cada cuatro horas y son unos bebés felices y contentos”. No miente cuando afirma que con su método los bebés duermen y comen cada cuatro horas pasados tres meses, pero, es falso que sean felices.

La Sra. Verity tiene razón, el método funciona. En muy poco tiempo, el niño aprende a callarse y se duerme. Esto sería maravilloso si no nos importaran las consecuencias a largo plazo, pero, en psicología, el fin NO justifica los medios. Por ejemplo, sería una barbaridad darle un somnífero al bebé para que durmiera toda la noche. Aunque un método funcione, debemos tener en cuenta los efectos a largo plazo. Esto es lo que no saben o no quieren saber todos los que aplican estos métodos conductistas sin pensar en las consecuencias futuras para los niños.

Si queremos conocer lo que sucede de verdad y comprender los devastadores efectos de estos “sistemas educativos”, podemos aprovechar este vídeo para ponernos en la piel de los personajes y poder entender lo que ocurre y porqué reaccionan así:

El bebé

Como decía antes, es verdad que se duerme, pero no porque haya aprendido la rutina, como ellos nos hacen creer, sino porque, tras intentar desesperadamente obtener los cuidados que necesita de su madre, termina sucumbiendo y replegándose sobre sí mismo para ahorrar energía y poder sobrevivir.
Voy a intentar resumir cómo vive el bebé estas situaciones, aunque haría falta mucho más espacio para poder explicarlo con detalle:

Imaginemos al bebé que ha pasado nueve meses en un entorno protegido. Tenía alimento cuando lo necesitaba, estaba calentito, era mecido constantemente y siempre sentía la presencia de su mamá. Tras este tiempo de calma y sosiego (para muchos), nace y sin más, y a consecuencia de métodos antinaturales y expeditivos, se encuentra inmerso en un entorno totalmente distinto al uterino, en un ambiente adverso y hostil. En este entorno, se le priva del contacto con su madre y de todo lo que esta le proporcionaba, se siente desprotegido, solo y asustado. Y además, si pensamos que los bebés no tienen nuestro concepto de tiempo (no saben cuándo va a venir mamá… o si va a venir) y que, para ellos, cada momento puede ser eterno, la sensación de desamparo, de peligro y de miedo a morir es TOTAL.

Por otro lado, ahora sabemos que este estrés tan elevado hace que aumenten los niveles de cortisol y esto tiene una repercusión tremenda sobre el desarrollo de ciertas áreas cerebrales en esas etapas tan cruciales. En el futuro, cuando el bebé sea adulto, a consecuencia de estas experiencias tan negativas y trastornadoras para él, su respuesta ante el estrés será anormal, alterada, muy diferente de lo que es una reacción normal.
Tras varias horas llorando sin que nadie acuda a consolarle, el bebé se repliega sobre sí mismo para no gastar recursos inútilmente. Deja de llorar y se queda quieto con la esperanza de aguantar vivo más tiempo. Es una reacción instintiva ante el abandono. No es algo que haga conscientemente, sino que estamos programados biológicamente para necesitar y reclamar los cuidados de nuestros padres, y si no los tenemos, pasamos a un modo de “stand by” para ahorrar energía. En T.R.R. (Terapia Regresiva Reconstructiva), a estas reacciones las llamamos Patrones de Supervivencia; son estrategias que adoptamos para poder sobrevivir ante situaciones extremas, pero sus consecuencias perdurarán hasta la vida adulta. Vemos cómo sus primeras experiencias en el mundo exterior le enseñarán la importancia de la sumisión.

Gracias a estos métodos de entrenamiento , el niño aprende que su sufrimiento y sus sentimientos no son tenidos en cuenta, que más le vale adaptarse a lo que le digan y a lo que quieran sus padres si quiere sobrevivir. Con toda probabilidad, será un adulto conformista, le costará mucho tomar decisiones importantes y siempre estará pendiente de la mirada y de las opiniones de los demás. Será una persona sumisa y sin iniciativa propia, repitiendo el mismo esquema que aprendió cuando era pequeño.

Otra cosa que aprende el recién nacido es que las cosas se imponen con la fuerza, que el más fuerte se impone al débil, sin importar los motivos o los sentimientos de éste. Estas ideas se grabarán muy profundamente en su inconsciente y, cuando sea mayor, será una persona sumisa frente a las figuras de autoridad, pero también llevará dentro esa semilla de la violencia que sufrió cuando era pequeño. Cuando crezca y tenga algún problema o diferencia con alguien más débil, le será muy difícil sobreponerse a lo que aprendió de pequeño. Es muy probable que reaccione imponiendo su voluntad a la fuerza sobre los más débiles. Veremos un ejemplo de esto más adelante, en la persona de Claire Verity.

Los padres

Para comprobar las consecuencias a largo plazo del efecto del sometimiento a edades tan tempranas no tenemos que ir muy lejos, sólo hemos de fijarnos en el comportamiento de los padres del bebé. Ellos, no podrían sucumbir a estas barbaridades si no hubieran vivido en sus propias infancias los maltratos que ahora consienten sobre su hijo. Ellos también tuvieron que someterse y obedecer para poder sobrevivir. Dejaron de hacerle caso a su interior para seguir las órdenes de los padres. La intuición fue enterrada. Si bien es cierto que no quedó totalmente oculta; podemos verles las caras y sus dudas cuando la Sra. Verity les plantea las normas a seguir. En su interior, saben que eso no está bien, pero, siguen repitiendo el patrón de sumisión que adoptaron en su infancia y le hacen caso a la autoridad representada por la “experta”. De alguna manera, siguen siendo niños en sus gestos, en su manera de hablar y en sus actitudes. Habla su parte de niño cuando dicen que lo mejor del método es que te da órdenes precisas… “te dicen lo que tienes que hacer y lo haces” ¿a qué suena eso?, claro, al niño que se sometió y acató las órdenes de sus padres sin rechistar.

Evidentemente, no podemos culpar al niño que se somete a la autoridad de los padres. Lo único que hace es adaptarse para sobrevivir y poder crecer. Pero cuando somos adultos, tenemos la obligación de cuestionarnos el trato que sufrimos en nuestra infancia para discernir si aún seguimos necesitando esos patrones o si, podemos liberarnos de una vez de ellos y hacer caso a nuestra intuición cuando tenemos que tomar decisiones en nuestro día a día. Si no hacemos nada de esto, nunca seremos realmente libres y sufriremos toda la vida. Es una opción personal, cada uno puede decidir lo que quiere hacer. Es nuestra vida y nadie puede reprocharnos nada. Hasta aquí todo va bien; nosotros somos los únicos perjudicados, pero cuando decidimos tener hijos la cosa cambia. Si no hacemos nada y nuestros hijos se ven afectados por nuestros patrones, entonces, ellos sí que nos lo podrán recriminar cuando sean mayores. Con ellos sí que tenemos, por lo menos, la responsabilidad de informarnos, de tomar nuestras propias decisiones y de no dejarnos amedrentar por lo que nos digan cuando los supuestos consejos vayan en contra de nuestra intuición. Seguro que tenéis amigos o familiares que, cuando tienen que comprar un coche o una cámara de fotos, se informan, comparan y leen miles de revistas antes de tomar una decisión. Esas mismas personas, cuando van a tener un hijo, apenas se informan y se dejan llevar por lo que les dicen los médicos, los psicólogos o la suegra. Entonces, sí que son culpables. Culpables de no asumir su responsabilidad como padres y culpables de dejar que otros decidan sobre el bienestar y la salud de sus hijos.

Imagino que algunos padres puedan sentirse aludidos e incómodos al leer esto. Ahora no se trata de mirar al pasado y culparnos por no haberlo hecho mejor en algunas situaciones. En el momento no teníamos otra posibilidad porque seguíamos cegados por nuestros patrones. La cuestión, ahora, es tener la valentía de abrir los ojos y afrontar que, quizás, las vivencias de nuestra infancia no fueron como nos las contaron, que hay otra manera de hacer las cosas y que podemos decidir por nosotros mismos según nos dicte el corazón.

La “experta”

Una vez superada la indignación inicial al ver el vídeo, si somos capaces de tomar un poco de distancia, podremos ver a Claire Verity como otra víctima de este mismo método educativo. Ella también tuvo que padecer las mismas vejaciones y maltratos que ahora inflige a “sus” bebés. Nadie que no haya pasado por esos maltratos podrá justificarlos nunca. Ahora está en ese papel de autoridad que impone su voluntad por la fuerza sobre los más débiles (en este caso, los padres y el bebé), pero también es más que probable que sea una persona sumisa cuando esté frente a alguien con más poder que la obligue a someterse como hicieron sus educadores. De hecho, no ha sido capaz de cuestionar lo más mínimo el método del Sr. King y lo sigue repitiendo convencida de que es lo mejor para los niños y sus padres. Tampoco ha sido capaz de poner en duda la violencia que vivió en su infancia porque, obviamente, eso supondría desmontar todo su sistema de creencias y darse cuenta de que sus padres no fueron lo perfectos que ella pensaba.

Imagino que los lectores perspicaces se habrán dado cuenta de que Verity significa “verdad” en inglés (de Veritas, la diosa romana de la Verdad). Por otro lado, Claire, es “clara” en francés, de modo que la supuesta experta se llama Clara Verdad. No sé si será su nombre real o un nombre artístico para intentar convencernos subliminalmente de la veracidad de un método que es un fraude y una apología del maltrato infantil.

Texto: Ramón Soler

Foto: Flickr – Fred ross lord

Acerca del autor

Ramón Soler Ramón Soler - rsoler@mentelibre.es Psicólogo Colegiado Sanitario experto en Terapia Regresiva Reconstructiva, Hipnosis Clínica, Psicologia Pre y Perinatal, Psicología infantil y Psicología de la Mujer. Escritor, Divulgador y Conferenciante. En la actualidad pasa consulta Online para todo el mundo y Presencial en Málaga (España). Compagina esta labor con la de Codirector, Autor y Administrador de este Blog. Puedes visitar más sobre su trabajo como Psicólogo en : www.regresionesterapeuticas.com